2026 inicia con hallazgos espaciales que desafían las leyes de la física

Alberto Noriega     18 enero 2026     5 min.
2026 inicia con hallazgos espaciales que desafían las leyes de la física

Hubble y Webb revelan en 2026 una pluma de gas en NGC 4388, un exoplaneta de carbono y el mayor disco protoplanetario jamás visto.

El Telescopio Espacial Hubble ha inaugurado el año 2026 publicando imágenes sin precedentes de la galaxia espiral NGC 4388, situada a 60 millones de años luz, revelando una pluma luminosa de gas que fluye desde su núcleo. Este fenómeno, detectado el pasado 1 de enero, es el resultado de la galaxia sumergiéndose a gran velocidad a través del gas caliente del cúmulo de Virgo, un proceso que arranca material del disco galáctico creando una cola resplandeciente. Paralelamente, el telescopio James Webb ha identificado el exoplaneta PSR J2322-2650b, un mundo con forma de limón cuya atmósfera de helio y carbono desafía todas las teorías de formación planetaria conocidas. Estos hallazgos, sumados al descubrimiento del disco protoplanetario más grande de la historia el pasado diciembre, marcan una era dorada en la astronomía donde cada observación cuestiona los modelos establecidos sobre la evolución de galaxias y planetas.

La agonía de NGC 4388

La nueva imagen de NGC 4388 muestra un evento dinámico conocido como presión por despojo (ram pressure stripping). A medida que la galaxia se desplaza por el medio intracúmulo, el gas caliente que llena el espacio entre galaxias actúa como un viento violento que extrae el material frío del disco de la galaxia. Esta materia se arrastra detrás en una estructura filamentosa que no era visible en las observaciones del Hubble de 2016, sugiriendo un aumento en la actividad energética o una fase más intensa del tránsito galáctico.

Los investigadores sospechan que la luminosidad de esta pluma no se debe solo al choque de gases. Un agujero negro supermasivo en el centro de NGC 4388 estaría emitiendo radiación ionizante, proporcionando la energía necesaria para que la nube de gas brille con tal intensidad. Esta interacción entre el núcleo activo de la galaxia y el gas arrancado ofrece a los científicos una oportunidad única para estudiar cómo las galaxias pierden su capacidad de formar nuevas estrellas al ser «despojadas» de su materia prima por el entorno de los cúmulos masivos.

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El extraño mundo de hollín y diamantes

El 15 de diciembre, el telescopio James Webb detectó un sistema planetario que ha dejado atónitos a los astrónomos: el exoplaneta PSR J2322-2650b. Este mundo, con una masa similar a la de Júpiter, orbita un púlsar a una distancia extremadamente corta de solo 1,6 millones de kilómetros, completando un año en apenas 7,8 horas. La proximidad a la estrella de neutrones y las brutales fuerzas gravitatorias han deformado al planeta, otorgándole una inusual forma de limón debido al estiramiento por mareas.

Lo más desconcertante es su composición atmosférica, dominada por helio y carbono molecular (compuestos C2 y C3), careciendo casi por completo del vapor de agua o metano esperados en gigantes gaseosos. Con una relación carbono-oxígeno superior a 100, el planeta presenta nubes similares al hollín que, bajo la intensa presión interna del mundo, podrían condensarse en diamantes. Peter Gao, del Carnegie Earth and Planets Laboratory, ha señalado que este hallazgo obliga a replantearse cómo pueden sobrevivir y evolucionar los planetas en los entornos de radiación extrema que rodean a los púlsares.

El gigante «Chivito de Drácula»

Cerrando un mes de hitos astronómicos, el Hubble reveló el 23 de diciembre la existencia de IRAS 23077+6707, apodado «Chivito de Drácula». Se trata del disco protoplanetario más grande jamás observado, con un diámetro de casi 400.000 millones de millas, lo que equivale a 40 veces el tamaño de nuestro sistema solar. Ubicado a 1.000 años luz de la Tierra, este disco de gas y polvo rodea a una estrella joven y muestra una asimetría impactante, con zarcillos de material que se extienden en formas etéreas hacia el espacio profundo.

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La masa de este disco es suficiente para formar entre 10 y 30 planetas gigantes gaseosos, lo que lo convierte en un laboratorio natural para estudiar la formación planetaria a gran escala. Según Kristina Monsch, autora principal del hallazgo, el nivel de detalle captado por el Hubble demuestra que las guarderías de planetas son entornos mucho más caóticos y activos de lo que la ciencia había predicho. La presencia de estructuras asimétricas sugiere que fuerzas externas o la interacción de planetas en formación están esculpiendo el disco de maneras complejas.

Misterios en la vecindad solar

Estos descubrimientos de finales de 2025 y principios de 2026 subrayan una tendencia clara: el universo es mucho más diverso químicamente de lo que imaginábamos. Mientras que el disco de «Chivito de Drácula» nos muestra los límites físicos del tamaño en la formación estelar, el planeta de carbono junto al púlsar revela que la química orgánica puede manifestarse en formas extremas bajo condiciones de presión y radiación insoportables. Estos datos no solo nutren los archivos de la NASA, sino que proporcionan el contexto necesario para entender la rareza —o abundancia— de sistemas como el nuestro.

La capacidad de los telescopios actuales para detectar cambios en periodos de tiempo tan cortos (como la pluma de NGC 4388 invisible hace una década) sugiere que estamos entrando en una fase de astronomía de alta resolución temporal. Ya no solo observamos fotos fijas del cosmos, sino procesos dinámicos que evolucionan ante nuestros ojos. En 2026, la coordinación entre el Hubble y el Webb está permitiendo una visión multiespectral que desvela desde los filamentos de gas ionizado en galaxias distantes hasta la lluvia de diamantes en mundos exóticos, redefiniendo nuestra frontera del conocimiento.

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