41% de la humanidad bajo calor extremo en 2050: el doble que hoy si la Tierra sube 2ºC
Estudio en Nature Sustainability: población expuesta a calor extremo se duplicará a 3.790 millones en 2050 si planeta alcanza 2ºC de calentamiento.
El número de personas expuestas a condiciones de calor extremo se duplicará para mediados de siglo si el calentamiento global alcanza la barrera de los 2ºC, pasando de los 1.540 millones registrados en 2010 a una cifra proyectada de 3.790 millones en 2050. Esta es la conclusión central de un exhaustivo estudio publicado este lunes en Nature Sustainability, que ofrece el análisis más detallado hasta la fecha sobre la velocidad y el alcance de la crisis térmica que se avecina. Según los autores, esta cifra representará el 41% de la población mundial proyectada, lo que significa que cuatro de cada diez habitantes del planeta enfrentarán desafíos fisiológicos y de habitabilidad severos. La investigación desmantela la noción de refugios climáticos: «Ninguna región escapará al impacto», advierten los científicos, señalando que mientras los trópicos sufrirán la intensidad bruta, el Norte Global enfrentará una crisis de infraestructura no preparada para el cambio de paradigma térmico.
El mapa de la desigualdad térmica
El estudio utilizó modelos computacionales avanzados para definir los extremos térmicos basándose en cuántos días al año las temperaturas se desvían de una línea base de confort templado de 18ºC. Al cruzar estos datos con proyecciones demográficas, emerge una geografía del sufrimiento claramente delimitada pero universal en su alcance. En términos absolutos, la mayoría de la población afectada se concentrará en naciones densamente pobladas y ya cálidas: India, Nigeria, Indonesia, Bangladesh, Pakistán y Filipinas . Para estos países, el calor extremo dejará de ser un evento estacional para convertirse en una condición crónica que amenazará la productividad económica, la seguridad alimentaria y la salud pública.
Sin embargo, el estudio identifica un segundo grupo de riesgo donde el aumento relativo de temperaturas peligrosas será más agresivo. Países como la República Centroafricana, Sudán del Sur, Laos y Brasil verán los incrementos más significativos en días de calor letal, situándolos en la primera línea de una potencial crisis humanitaria. Este hallazgo subraya la injusticia inherente de la crisis climática: las regiones que menos han contribuido históricamente a las emisiones de gases de efecto invernadero son las que soportarán la carga física más pesada del calentamiento, con capacidades de adaptación económicas a menudo limitadas.
La sorpresa de los 1,5ºC
Quizás el hallazgo más inquietante para los autores fue la cronología del impacto. Contra la intuición de que lo peor está al final del camino, los modelos revelaron que el cambio más drástico en la exposición al calor no ocurre en un futuro lejano, sino temprano en la trayectoria de calentamiento: precisamente en la fase cercana a los 1,5ºC, el umbral en el que el mundo se encuentra actualmente . Esto cambia radicalmente la urgencia política: no se trata de prepararse para 2050, sino de gestionar una crisis que ya está acelerando.
Radhika Khosla, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Oxford, enfatizó la gravedad de este punto: «Este es un hallazgo fundamental porque nos dice que necesitamos actuar mucho antes en medidas de apoyo para la adaptación y mitigación» . Superar el límite de 1,5ºC tendrá impactos sin precedentes en sectores críticos como la educación (donde el calor reduce la capacidad cognitiva), la salud (colapso de sistemas por golpes de calor y enfermedades vectoriales), la migración forzada y la agricultura. La ventana para una transición ordenada se ha cerrado; ahora la gestión es de emergencia.
La trampa arquitectónica del Norte
El estudio también lanza una advertencia severa a las naciones ricas del hemisferio norte, que a menudo se perciben a sí mismas como más resilientes. Aunque las temperaturas absolutas serán menores que en los trópicos, la vulnerabilidad estructural es altísima porque sus entornos construidos están diseñados para un clima que ya no existe. «En el caso del Reino Unido, los edificios e infraestructura son viejos, ineficientes y diseñados principalmente para lidiar con el frío», explica Khosla .
Esta inadaptación arquitectónica convierte las viviendas en trampas de calor. Casas diseñadas para retener la temperatura solar en invierno actúan como hornos durante las olas de calor estivales, poniendo en riesgo a poblaciones envejecidas. La ironía es palpable: la infraestructura que garantizó el confort en el siglo XX es la amenaza del siglo XXI. Un ejemplo reciente ilustra la fragilidad del sistema: en 2023, la red eléctrica del Reino Unido tuvo que solicitar el encendido de dos unidades de plantas de carbón —una fuente de energía sucia que se intenta eliminar— únicamente para satisfacer el pico de demanda de aire acondicionado provocado por una ola de calor inusual.
Del gas al aire acondicionado
El calentamiento global reescribirá la ecuación energética del planeta. El estudio confirma una tendencia que transformará la economía global: en las próximas décadas, la demanda de energía para calefacción en el hemisferio norte disminuirá, mientras que la demanda para refrigeración en el hemisferio sur (y globalmente) explotará. Investigaciones paralelas confirman que, para finales de siglo, la energía consumida por el aire acondicionado superará con creces a la de la calefacción .
Este cambio plantea desafíos técnicos y sociales inmensos. Técnicamente, las redes eléctricas deberán soportar picos de carga masivos en verano, justo cuando el calor reduce la eficiencia de las líneas de transmisión y de las plantas térmicas. Socialmente, el acceso a la refrigeración pasará de ser un lujo a un derecho humano básico para la supervivencia. La «pobreza energética» del futuro no será pasar frío en invierno, sino no poder enfriar la casa durante una noche tropical de 30ºC.
Adaptación o sufrimiento
La conclusión de los científicos es un ultimátum: la adaptación ya no es opcional. «Ninguna parte del mundo podrá esconderse del calor extremo. Hay una falta de preparación en todas las naciones», sentencia Khosla . La única ruta establecida para revertir esta tendencia de días cada vez más calurosos sigue siendo el desarrollo sostenible con emisiones netas cero.
Sin embargo, mientras los políticos debaten objetivos a 2050, la física de la atmósfera dicta su propia agenda. El hecho de que 3.800 millones de personas vayan a vivir en zonas de riesgo térmico severo obliga a repensar todo: desde los horarios laborales y escolares hasta los materiales de construcción y el diseño de las ciudades. Ya no basta con reducir emisiones; hay que blindar a la población contra un clima que ya ha cambiado. La era de la estabilidad térmica ha terminado; comienza la era de la gestión de la supervivencia bajo el sol.
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