El apagón de Trump: California se convierte en la capital mundial de la energía limpia

Alberto Noriega     31 diciembre 2025     5 min.
El apagón de Trump: California se convierte en la capital mundial de la energía limpia

California alcanza un 67% de energía limpia en 2025, liderando la resistencia climática mundial frente a los recortes de la era Trump.

En 2025, el estado de California ha consolidado la transformación más radical de su red eléctrica en un siglo, operando con un 67% de energía limpia durante gran parte del año. Bajo el liderazgo del gobernador Gavin Newsom, el estado se ha erigido como el principal contrapeso geopolítico frente al giro fósil de la administración de Donald Trump en Washington. Mientras el gobierno federal retira fondos para la eólica marina y revoca normativas de emisiones, California acelera su independencia mediante una capacidad de almacenamiento por baterías sin parangón en Occidente. Esta estrategia no solo busca la descarbonización, sino blindar la cuarta economía del mundo frente a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles y la incertidumbre política nacional.

Baterías: el nuevo corazón eléctrico

El despliegue de almacenamiento energético en California ha dejado de ser un proyecto piloto para convertirse en la columna vertebral de la seguridad energética estatal. Según los últimos datos de la Comisión de Energía de California (CEC), el estado ha alcanzado los 17.000 megavatios de capacidad en baterías, una cifra que quintuplica los registros de hace apenas tres años. Este ecosistema tecnológico permite capturar el excedente de radiación solar durante el día para inyectarlo en la red durante el «pico nocturno», desplazando definitivamente la necesidad de arrancar plantas de gas de ciclo combinado. En 2025, por primera vez en la historia, las fuentes renovables junto con la gran hidroeléctrica y la nuclear han cubierto el 100% de la demanda en la red principal (CAISO) durante intervalos diarios en nueve de cada diez jornadas.

Desde una perspectiva técnica, este hito invalida el mito de la inestabilidad de las renovables, demostrando que la flexibilidad del sistema es una cuestión de ingeniería, no de recursos. La inversión estatal ha inyectado 30.800 megavatios de capacidad limpia desde 2019, logrando que la producción de electricidad a partir de gas natural registre su mayor caída interanual en la historia del estado. Mark Jacobson, experto de la Universidad de Stanford, señala que el almacenamiento no solo es una solución ambiental, sino que se ha convertido en un activo financiero más rentable que el mantenimiento de infraestructuras fósiles obsoletas. El coste de operación de las baterías de ion-litio a gran escala ha descendido hasta niveles que permiten competir directamente en el mercado mayorista sin depender de subsidios federales directos.

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El papel de los grandes centros de almacenamiento, como el de Moss Landing, es crucial para evitar los apagones rotativos que solían castigar al estado durante las olas de calor extremo. Estos sistemas actúan con una latencia mínima, respondiendo a las fluctuaciones de la demanda en milisegundos, una precisión que las centrales térmicas convencionales no pueden igualar. Además, el estado mantiene su compromiso con la energía nuclear a través de la planta de Diablo Canyon, que aporta un 10% de generación constante libre de carbono. Esta combinación de «carga base» nuclear y «flexibilidad extrema» mediante baterías ha permitido a California reducir sus emisiones de CO2 del sector eléctrico a mínimos históricos, incluso con un aumento del consumo derivado de la electrificación del transporte.

Guerra abierta contra el carbono

La consolidación de este modelo energético se produce en un contexto de hostilidad legislativa sin precedentes desde Washington. La administración Trump ha ejecutado recortes drásticos, incluyendo la cancelación de un programa de 7.000 millones de dólares para energía solar en comunidades de bajos ingresos y la retirada de 679 millones destinados a la eólica marina. California, que esperaba liderar el despliegue de aerogeneradores flotantes en el Pacífico, ha respondido elevando la batalla a los tribunales, liderando una coalición de 20 estados para frenar el desmantelamiento de las agencias ambientales. El Fiscal General de California ha reforzado su equipo legal para litigar contra la expansión de concesiones petroleras en aguas federales, argumentando que violan las leyes estatales de protección costera.

La narrativa republicana intenta vincular la transición verde con el elevado coste de la factura eléctrica, pero los informes de Regenerate California desmienten esta causalidad. El sobrecoste para el ciudadano no deriva de los paneles solares, sino de la deuda acumulada por las eléctricas tras los incendios forestales provocados por líneas de transmisión defectuosas y el cambio climático.

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De hecho, el mantenimiento de las 200 plantas de gas natural que aún operan en el estado supone una «póliza de seguro» ineficiente que cuesta miles de millones al año. Los expertos abogan por acelerar el desmantelamiento de estas centrales térmicas, sustituyéndolas por microrredes locales y almacenamiento distribuido, lo que reduciría significativamente la presión sobre la red troncal y los costes de transporte.

A nivel internacional, California ha asumido un rol de «estado-nación» climático, llenando el vacío dejado por la ausencia de líderes federales en la COP30. Gavin Newsom ha posicionado al estado como un socio comercial estable para inversores globales en tecnología limpia, enviando el mensaje de que la descarbonización es un proceso inercial impulsado por el mercado que Washington no puede detener. La resiliencia de las metas californianas (60% renovable para 2030 y 100% cero emisiones para 2045) sirve como prueba de concepto para otras economías del G7. Al demostrar que es posible gestionar la cuarta economía mundial con una red mayoritariamente limpia, California está dictando los estándares industriales del futuro, independientemente de los ciclos políticos de la Casa Blanca.

El mercado vence al dogma

La transformación de California revela una verdad incómoda para los defensores del statu quo fósil: el capitalismo energético ha cambiado de bando. No estamos ante un experimento romántico, sino ante la optimización de un sistema donde el coste marginal del sol y el viento es cero. La victoria de California reside en haber entendido que la soberanía energética en el siglo XXI no depende de la posesión de yacimientos, sino del dominio de la tecnología de almacenamiento y la gestión inteligente de datos. El estado ha pasado de ser un importador de energía a un exportador de soluciones de resiliencia, convirtiendo su territorio en el laboratorio más rentable de la modernidad.

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