Bomba en la ciencia: estudios sobre microplásticos en el cuerpo podrían ser falsos positivos
Una serie de científicos advierte que estudios de alto perfil sobre microplásticos en órganos humanos podrían ser erróneos debido a la contaminación y fallos técnicos.
Los impactantes informes que durante los últimos años han alertado sobre la presencia de micro y nanoplásticos (MNP) en el cerebro, los testículos, las placentas y las arterias humanas están siendo puestos en duda. Un grupo de científicos expertos en análisis químico ha calificado de «bomba» el descubrimiento de que muchas de estas detecciones podrían ser, en realidad, falsos positivos causados por contaminación o errores metodológicos. Aunque la contaminación por plástico en el mundo natural es un hecho incuestionable, la precisión técnica para detectarlos en tejido humano está hoy al límite de lo posible, lo que ha generado resultados «apresurados» en la carrera por publicar.
Un «bombazo» que sacude la credibilidad científica
El diario The Guardian ha identificado siete estudios clave que han sido impugnados formalmente en las revistas donde se publicaron. Además, un análisis reciente enumeró 18 investigaciones que no consideraron un factor crítico: ciertos tejidos humanos producen señales químicas que los instrumentos confunden fácilmente con plásticos comunes. El riesgo, según los expertos, es que una evidencia defectuosa conduzca a regulaciones equivocadas o permita que los lobbies de la industria del plástico descarten preocupaciones legítimas como si fueran infundadas.
Errores en el cerebro y los testículos
Uno de los casos más sonados ocurrió en febrero de 2025, cuando un estudio sugirió que los niveles de microplásticos en el cerebro humano estaban aumentando rápidamente. Sin embargo, para noviembre, el Dr. Dušan Materić y su equipo publicaron una carta de objeción tajante: «El artículo sobre microplásticos en el cerebro es un chiste». El motivo es técnico: el cerebro humano tiene aproximadamente un 60% de grasa, y se sabe que la grasa produce falsos positivos cuando se busca polietileno. Según Materić, el aumento de los niveles de obesidad podría explicar la tendencia reportada mejor que la presencia real de plásticos.
Otros estudios afectados incluyen:
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Arterias: Una investigación que vinculaba plásticos en las arterias con mayor riesgo de infarto fue criticada por no utilizar «muestras en blanco» (muestras de control para medir la contaminación ambiental en el quirófano).
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Testículos: Un estudio que reportó la presencia «omnipresente» de microplásticos en el sistema reproductivo masculino fue calificado como «no lo suficientemente robusto» para sostener tales afirmaciones.
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Agua embotellada: Un informe que detectó 10.000 partículas de nanoplástico por litro fue tildado de «fundamentalmente poco fiable» por sus críticos.
El problema técnico: Vaporización y falta de protocolos
El método principal para medir la masa de microplásticos, denominado Py-GC-MS (pirólisis-cromatografía de gases-espectrometría de masas), consiste en vaporizar la muestra para capturar sus humos. Sin embargo, un estudio liderado por la Dra. Cassandra Rauert en enero de 2025 concluyó que esta técnica no es adecuada para identificar polietileno o PVC debido a interferencias persistentes de las moléculas de tejido humano que aún no han sido «digeridas» químicamente.
Rauert argumenta que muchas de las concentraciones reportadas son «biológicamente inverosímiles». Según la experta, no hay evidencia científica de que partículas de entre 3 y 30 micrómetros puedan cruzar la barrera hemática hacia los órganos. «Lo que esperamos encontrar dentro de los humanos son las partículas de tamaño nano, pero nuestros instrumentos actuales no pueden detectar partículas nanométricas con fiabilidad», afirma la química.
Entre la alarma y la precaución
A pesar de las dudas, la producción de plástico se ha multiplicado por 200 desde los años 50 y se prevé que llegue a las mil millones de toneladas anuales para 2060. Menos del 10% se recicla. Informes en The Lancet insisten en que el plástico es un peligro creciente para la salud planetaria, independientemente de la exactitud de las mediciones en órganos específicos.
Ante la incertidumbre, la comunidad científica recomienda calma y rigor:
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Evitar el alarmismo: Los investigadores advierten que reportar datos no robustos es irresponsable y genera miedo innecesario.
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Cuidado con los tratamientos: La Dra. Rauert tacha de «locura» los tratamientos de £10.000 que prometen «limpiar» el plástico de la sangre, afirmando que carecen de base científica.
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Medidas de precaución: Expertos como la Prof. Marja Lamoree sugieren reducir el uso de plásticos al cocinar, ventilar las casas y no calentar comida en recipientes de plástico.
La ciencia de los microplásticos en el cuerpo humano es todavía «inmadura». Aunque es probable que todos tengamos plásticos en nuestro interior, el «cuánto» y el «qué daño hacen» siguen siendo las grandes preguntas sin respuesta definitiva en 2026.
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