Borrasca Kristin frena la energía eólica y REE corta luz a la industria por primera vez en 2026
REE activa servicio de interrupción SRAD por primera vez en 2026 tras caída brusca de 5.000 MW eólicos por borrasca Kristin, afectando industria
Red Eléctrica de España (REE) activó este miércoles por primera vez en 2026 el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), interrumpiendo el suministro a grandes industrias entre las 8:00 y las 10:00 horas para proteger el equilibrio del sistema peninsular ante una caída brusca de la generación renovable provocada por la borrasca Kristin . El operador del sistema se vio obligado a solicitar una reducción de consumo de 860 MW tras constatar un déficit de casi 5.000 MW en la producción eólica: mientras las previsiones apuntaban a 12.500 MW, la generación real apenas superaba los 7.500 MW a primera hora de la mañana, debido a paradas de seguridad en aerogeneradores por rachas de viento superiores a 90 km/h y a menor importación desde Portugal . La medida, de carácter excepcional, garantizó que los niveles de reserva de potencia se mantuvieran dentro de los márgenes de seguridad establecidos en los procedimientos de operación .
5.000 MW desaparecidos del mapa
El detonante fue una combinación meteorológica crítica: la borrasca Kristin, sexta de gran impacto en enero, trajo vientos tan fuertes que paradójicamente redujeron la producción eólica, ya que muchos parques debieron detener sus turbinas para evitar daños estructurales . Esta desconexión forzosa creó un agujero súbito de generación justo en la rampa de subida de la demanda matinal. REE confirmó que la producción programada rondaba los 12.500 MW, pero la realidad a las 8:00 AM mostró apenas 7.500 MW disponibles, un desvío de 5.000 MW difícil de cubrir instantáneamente con otras tecnologías .
Además, la situación adversa afectó simultáneamente a Portugal, lo que redujo drásticamente la capacidad de importar electricidad a través de la interconexión ibérica, eliminando una válvula de escape habitual para el sistema español en momentos de tensión . Ante la imposibilidad de casar oferta y demanda con los recursos de generación convencionales y reservas de regulación secundaria y terciaria, REE recurrió al SRAD como último recurso de balance antes de comprometer la estabilidad de la frecuencia de red.
El coste de la seguridad: 255 millones
El Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD) no es un apagón imprevisto, sino un mecanismo de flexibilidad retribuido: las industrias participantes cobran por estar disponibles para reducir consumo, y en esta ocasión se activaron 860 MW de los 1.725 MW adjudicados para el primer semestre de 2026 . Este servicio cuenta con un presupuesto de 255 millones de euros para el periodo actual, un coste que se traslada a todos los consumidores a través de los peajes de la factura eléctrica .
La subasta celebrada el pasado 28 de noviembre cerró a un precio marginal de 65 euros por MW y hora, un encarecimiento significativo respecto a ediciones anteriores que fuentes del sector atribuyen al «efecto miedo» tras el incidente del 28 de abril, cuando un fallo en la interconexión con Francia provocó un apagón parcial en la Península . Este incremento refleja una mayor valoración de la seguridad de suministro en un sistema con penetración renovable masiva, donde la variabilidad no gestionable (como un temporal que para molinos) requiere «colchones» de respuesta rápida cada vez mayores.
Un año sin interrupciones roto en enero
Cristina Corchero, fundadora de Bamboo Energy, destacó la excepcionalidad del evento: «En 2025 no hubo ninguna interrupción del suministro bajo este mecanismo, así que se podría decir que es la primera vez entre el año pasado y lo que llevamos de este que se utiliza efectivamente» . El hecho de que REE haya tenido que «pulsar el botón» antes de terminar enero sugiere que 2026 podría ser un año de gestión operativa más exigente, marcado por fenómenos meteorológicos extremos que estresan la infraestructura.
La activación del SRAD demuestra que la transición energética desplaza el foco de la «generación base» a la «flexibilidad». Antes, la seguridad la daban grandes centrales térmicas girando inercialmente; ahora, la dan industrias capaces de desconectarse en 15 minutos y baterías (aún incipientes). Para la industria electrointensiva, este ingreso es un alivio en sus costes energéticos, pero la interrupción efectiva supone un reto productivo: parar hornos o líneas de proceso tiene costes operativos y logísticos que deben compensarse con la retribución recibida.
El sistema aguanta, pero avisa
Aunque REE enfatizó que «la continuidad del suministro no se ha visto en ningún momento comprometida» para el consumidor doméstico y comercial , el episodio es un recordatorio de la vulnerabilidad física de la red ante el clima. Que un exceso de viento provoque falta de energía eólica es una paradoja técnica conocida (cut-out speed), pero gestionarla en tiempo real con 5.000 MW de desvío requiere herramientas de precisión.
La respuesta funcionó: el sistema no cayó, la frecuencia se mantuvo y el hueco se cubrió recortando demanda industrial en lugar de generación. Sin embargo, plantea preguntas sobre si los 1.725 MW de SRAD serán suficientes en el futuro si la volatilidad climática aumenta, o si será necesario escalar mecanismos de demanda y almacenamiento para evitar que «apagar fábricas» se convierta en rutina cada vez que hay temporal. Por ahora, el sistema salvó el match ball de Kristin, pero el precio de esa seguridad (255 millones semestrales) y la complejidad operativa están, indudablemente, al alza.
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