¿Choque de titanes? El telescopio Webb descubre cómo nacen estrellas gigantes tras colisiones
Meta-description: El telescopio Webb revela que las colisiones estelares crean estrellas gigantes y liberan carbono, el componente esencial para la vida humana.
Un equipo internacional de astrónomos, liderado por Andrea Reguitti del INAF, ha descubierto mediante el telescopio James Webb que las colisiones entre estrellas generan nuevas supergigantes rojas y polvos ricos en compuestos de carbono. La investigación analizó nueve eventos conocidos como novas rojas luminosas, explosiones violentas que ocurren cuando dos estrellas se fusionan para formar un solo cuerpo estelar masivo. Estos hallazgos, obtenidos tras observar sistemas en galaxias situadas a más de 25 millones de años luz, confirman que los choques cósmicos son fábricas de elementos esenciales para la vida. Al documentar la evolución de estos remanentes décadas después de la explosión, la ciencia ha logrado por fin entender qué sucede tras uno de los eventos más catastróficos y creativos del universo.
Gigantes nacidas del caos
El estudio se centró en nueve eventos de novas rojas luminosas cuyos datos archivados revelaron una luminosidad situada entre las novas clásicas y las supernovas. Los investigadores observaron estrellas con masas que oscilaban desde dimensiones inferiores a la del Sol hasta cuerpos 50 veces más grandes que nuestra estrella local, demostrando la enorme escala de estas fusiones. El equipo analizó con especial detalle los eventos AT 2011kp y AT 1997bs, capturados por el Webb en 2023 y 2024, permitiendo ver la evolución del sistema tras 12 y 27 años respectivamente desde la colisión inicial.
Normalmente, la evolución de un sistema estelar requiere millones de años, pero estas colisiones ocurren en escalas de tiempo comparables a las de una supernova, manifestándose en apenas unos meses. La espera de décadas para utilizar el infrarrojo del Webb fue crucial, ya que cada fusión expulsa una masa de polvo equivalente a 300 veces la de la Tierra, ocultando el cuerpo recién formado tras una densa cortina opaca. Esta capacidad de penetración del telescopio ha permitido, por primera vez, diseccionar el núcleo de estas novas rojas y revelar la naturaleza del objeto superviviente.
Supergigantes inesperadamente frías
Las observaciones revelaron objetos estelares que se asemejan sorprendentemente a las supergigantes rojas, estrellas con tamaños cientos de veces superiores al del Sol. Si una de estas estrellas resultantes se colocara en el centro de nuestro sistema solar, su superficie engulliría los planetas rocosos interiores y llegaría a rozar la órbita de Júpiter, evidenciando la magnitud del choque. Sin embargo, a pesar de su inmensidad física, estas nuevas estrellas son significativamente más frías que el Sol, con temperaturas superficiales de entre 3.200 y 3.700 grados Celsius.
El equipo científico admitió que no esperaba encontrar objetos de este tipo tras una fusión estelar, ya que la teoría predecía sistemas más calientes, compactos y estables. «Esperábamos una fuente más compacta y cálida en lugar de estas gigantes frías», señaló el investigador Andrea Pastorello, destacando que el hallazgo desafía los modelos previos de evolución estelar tras colisiones. Este descubrimiento redefine nuestra comprensión sobre cómo se reorganiza la materia y la energía cuando dos astros se funden, creando estructuras que desafían la lógica termodinámica convencional.
Cimientos químicos de vida
La potencia del telescopio Webb permitió analizar la composición química del polvo que rodea a estas supergigantes recién nacidas, detectando altos niveles de compuestos de carbono. Entre los materiales hallados destaca el grafito, un componente que se considera un bloque de construcción fundamental para los seres vivos y la química orgánica compleja. Este hallazgo refuerza la conexión directa entre los procesos más violentos del cosmos y la composición biológica de los planetas y los organismos que los habitan.
«Estamos hechos de compuestos de carbono, el mismo carbono del que este polvo es rico», concluyó Reguitti, vinculando la astrofísica con nuestra propia existencia. Los resultados, que se publicarán en la revista Astronomy & Astrophysics, ofrecen una nueva perspectiva sobre la famosa frase de que somos «polvo de estrellas», dándole una base científica basada en colisiones estelares específicas. El carbono expulsado en estos eventos viajará por el espacio, integrándose eventualmente en nuevas nubes de gas donde nacerán otros sistemas solares y, potencialmente, nuevas formas de vida.
La forja del cosmos
El descubrimiento de que las colisiones estelares son las responsables de crear supergigantes frías y ricas en carbono cierra un círculo vital en la narrativa de la astronomía moderna. Estos eventos, que antes se consideraban simples anomalías transitorias, se revelan ahora como estaciones de reciclaje galáctico fundamentales para la diversidad química del universo. La capacidad del James Webb para observar a través del polvo ha transformado nuestra visión de la «muerte» estelar, mostrándola más bien como una metamorfosis hacia una forma de existencia más grande y fértil.
Mirando al futuro, estos hallazgos obligarán a los astrofísicos a revisar la rapidez con la que el carbono se distribuye por las galaxias, acelerando los modelos de habitabilidad en sistemas jóvenes. No somos simplemente el resultado de estrellas que mueren en solitario, sino también de aquellas que, en su violencia, deciden unirse para crear algo nuevo. En 2026, la astronomía nos recuerda que el caos y la colisión no son el fin, sino el motor necesario para que la complejidad biológica tenga una oportunidad de surgir en la inmensidad del espacio.
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