COVID dejó un aumento persistente de la mortalidad en países ricos que no se ha resuelto, según estudio de 350 millones de muertes
Estudio de Universidad Hong Kong analiza 350 millones de muertes en 34 países ricos y refuta teoría del desplazamiento: COVID elevó mortalidad
Un análisis de más de 350 millones de muertes en 34 países ricos entre 2015 y 2024 confirma que la pandemia de COVID-19 dejó un aumento sostenido de la mortalidad que persiste años después, refutando la teoría del «desplazamiento de la mortalidad» que sostenía que el virus simplemente aceleró decesos de personas frágiles que habrían fallecido de todos modos. Investigadores de la Universidad de Hong Kong compararon cuántas personas murieron realmente con cuántas se esperaba que fallecieran si las tasas de mortalidad pre-COVID hubieran continuado en su trayectoria habitual. En la mayoría de casos, las muertes posteriores al pico pandémico no cayeron lo suficiente para compensar pérdidas anteriores, contradiciendo la idea de que el impacto sería autocorrectivo. El hallazgo emerge mientras investigaciones paralelas documentan declive cognitivo equivalente a 3-9 puntos de coeficiente intelectual, riesgos cardiovasculares elevados hasta tres años post-infección y una carga económica global anual estimada en 1 billón de dólares.
El mito del desplazamiento colapsado
La teoría del desplazamiento de la mortalidad —también llamada «harvesting effect»— postulaba que las pandemias aceleran muertes entre poblaciones vulnerables, creando un «déficit» temporal que reduce fallecimientos en años subsiguientes. Esta hipótesis parecía razonable: si el COVID mataba principalmente a personas con múltiples comorbilidades que habrían fallecido en 12-24 meses de cualquier forma, deberíamos observar menos muertes esperadas en 2022-2024 conforme ese pool vulnerable se agotaba.
El estudio de la Universidad de Hong Kong, liderado por investigadores que examinaron datos desde 2015 hasta 2024, encontró que el efecto de desplazamiento fue poco común y representó solo una pequeña fracción de las pérdidas de la era COVID. En la mayoría de naciones prósperas analizadas, incluyendo países europeos, Estados Unidos, Canadá y Australia, la mortalidad post-pandémica no descendió lo suficiente para compensar el exceso de muertes acumulado durante 2020-2021. Escocia e Irlanda del Norte mantuvieron mortalidad elevada en niveles aproximadamente iguales a los de 2020, indicando exceso constante sin corrección.
Cambios estructurales en mortalidad
Los ratios promedio de exceso de mortalidad en los 34 países analizados fueron 1,09, 1,14 y 1,11 en 2020, 2021 y 2022 respectivamente, según un estudio complementario publicado en American Journal of Public Health que evaluó desempeño de contención y condiciones estructurales. Trece países experimentaron incrementos anuales continuos, mientras solo dos mostraron descensos consistentes año tras año. Bulgaria registró pérdidas récord compuestas de esperanza de vida en 2020 y 2021, mientras Francia, Bélgica, Suiza y Suecia lograron recuperaciones completas desde pérdidas previas sustanciales.
Un hallazgo preocupante es el cambio en la distribución etaria del exceso de mortalidad de 2020 a 2021: la mortalidad se desplazó de las edades más avanzadas hacia grupos de edad más jóvenes. En 11 de 16 países con pérdidas de esperanza de vida en 2021, los grupos menores de 60 años contribuyeron significativamente más a la pérdida de esperanza de vida en 2021 que en 2020 (P < 0,05). Este patrón fue evidente en Austria, Bélgica, República Checa, Inglaterra y Gales, Alemania, Países Bajos, Irlanda del Norte, Polonia, Portugal, Escocia, Eslovaquia, Eslovenia y España.
Declive cognitivo medible y persistente
Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine con más de 113.000 participantes británicos encontró que personas completamente recuperadas de COVID leve experimentaron déficits cognitivos equivalentes a una caída de tres puntos en coeficiente intelectual. Para aquellos con síntomas persistentes de más de 12 semanas, el déficit alcanzó seis puntos de CI, mientras que pacientes que requirieron cuidados intensivos sufrieron pérdidas equivalentes a nueve puntos.
El epidemiólogo clínico Ziyad Al-Aly estimó que estos descensos cognitivos podrían haber aumentado el número de adultos estadounidenses con CI por debajo de 70 de 4,7 millones a 7,5 millones, añadiendo 2,8 millones de personas con «un nivel de deterioro cognitivo que requiere apoyo societal significativo». El CI promedio general es aproximadamente 100; puntuaciones superiores a 130 sugieren talento excepcional, mientras que por debajo de 70 típicamente indica discapacidad intelectual que puede necesitar asistencia considerable.
El declive cognitivo fue observable en personas infectadas durante las etapas iniciales de la pandemia y también en quienes contrajeron variantes delta y omicron, sugiriendo que el riesgo persistió incluso conforme el virus evolucionó desde la cepa original. Además, la reinfección con el virus estuvo asociada con una disminución adicional de dos puntos de CI comparado con aquellos sin reinfección. Una evaluación reciente de la Encuesta de Población Actual de EE.UU. reveló que tras el inicio de la pandemia, un millón adicional de estadounidenses en edad laboral reportaron experimentar «dificultad seria» con memoria, concentración o toma de decisiones comparado con cualquier período en los 15 años previos.
Riesgo cardiovascular prolongado
Una investigación de la Universidad del Sur de California publicada en octubre de 2024 en Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology encontró que el riesgo de un evento cardiovascular mayor permanece elevado casi tres años después de la infección por COVID-19, incluso para aquellos que no fueron hospitalizados. El estudio analizó datos del UK Biobank que incluía adultos con COVID-19 de leve a severo antes de que las vacunas estuvieran disponibles y encontró riesgo aumentado de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y muerte durante el período de seguimiento de casi tres años.
Hooman Allayee, PhD, coautor senior del estudio, señaló: «Nuestros datos ahora muestran que ese riesgo continúa estando presente hasta 3 años después de la infección. Así que parece ser un riesgo a largo plazo y, además, no parece que esté realmente atenuándose». Contabilizando pacientes con enfermedad cardíaca preexistente (aproximadamente 11% en ambos grupos), los investigadores encontraron que el riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y muerte fue dos veces mayor entre todos los pacientes COVID-19 y cuatro veces mayor entre aquellos con casos severos que requirieron hospitalización, comparado con quienes nunca se infectaron.
Los datos muestran además que dentro de cada uno de los tres años de seguimiento, el riesgo de tener un evento cardiovascular mayor seguía significativamente elevado comparado con los controles —en algunos casos, casi tan alto o incluso superior a tener un factor de riesgo cardiovascular conocido como diabetes tipo 2 o enfermedad arterial periférica. Este hallazgo es notable porque sugiere que la infección por COVID-19 podría crear un factor de riesgo cardiovascular comparable en magnitud a condiciones crónicas establecidas.
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