¿El fin de la granja americana? El rescate de 12.000 millones de Trump no frena la quiebra masiva
El paquete de 12.000M$ de Trump no basta para salvar a miles de granjas en EE. UU. de la quiebra por la guerra comercial y el desplome de precios.
La administración Trump ha desbloqueado un paquete de ayudas de 12.000 millones de dólares para mitigar el impacto de las tensiones comerciales con China en el sector agrícola estadounidense. Sin embargo, líderes del sector advierten que esta inyección financiera resultará insuficiente para evitar que miles de explotaciones familiares se declaren en bancarrota antes de que finalice el año. La crisis se agrava especialmente entre los productores de cereales y soja, quienes han visto cómo los aranceles interrumpen rutas comerciales históricas y hunden los precios operativos. Ante este escenario, el campo norteamericano enfrenta un desafío estructural que pone en duda la viabilidad de su modelo productivo bajo la actual política proteccionista.
Un agujero de 34.000 millones
El sector agrícola de Estados Unidos ha registrado pérdidas de 34.600 millones de dólares en 2025, una cifra calculada antes de aplicar seguros de cosechas y otros apoyos gubernamentales, según datos de la American Farm Bureau. Este descalabro financiero se concentra con especial dureza en los productores de cultivos en hilera, como el maíz y la soja, quienes recibirán 11.000 millones del programa de asistencia «Farmer Bridge Assistance Program». A pesar de la magnitud de la cifra, el pago medio de unos 50 dólares por acre es considerado por los expertos como un «parche» temporal que no compensa tres años consecutivos de aumento en los costes de insumos y caída de precios de mercado.
La dependencia del mercado chino se ha convertido en el talón de Aquiles de la economía rural estadounidense. El año pasado, China adquirió el 54% de todas las exportaciones de soja de EE. UU., una cuota que se ha visto drásticamente amenazada por la escalada arancelaria. Aunque se alcanzó una tregua comercial tentativa que obligaba a Pekín a comprar 12 millones de toneladas métricas de legumbres, la incertidumbre sobre el cumplimiento del pacto mantiene los mercados en vilo. Esta volatilidad ha provocado que la renta agraria neta se desplome, forzando a los productores a operar con márgenes negativos por segundo año consecutivo.
Maquinaria bajo presión arancelaria
El impacto de la política comercial no se limita a los cultivos, sino que se extiende a toda la cadena de suministro industrial. El gigante de la maquinaria agrícola John Deere prevé un impacto arancelario de 1.200 millones de dólares para el año fiscal 2026, duplicando los 600 millones sufridos en 2025. Esta presión sobre los fabricantes se traduce inevitablemente en un encarecimiento de la tecnología y los repuestos para los agricultores, dificultando aún más la renovación de activos necesaria para mantener la competitividad. En este contexto, la liquidez de las granjas se ha reducido drásticamente, incrementando la demanda de financiación externa en un momento de endurecimiento de las condiciones crediticias.
Las previsiones para el cierre del ejercicio son alarmantes: se estima que las quiebras agrícolas superarán las 1.000 solicitudes este año, una cifra que triplica los registros de años previos como 2019. Aunque los analistas descartan que se alcancen los niveles críticos de la crisis de los años 80, cuando las bancarrotas rozaron las 6.000 anuales, la situación en estados como Arkansas es especialmente precaria debido al sobreendeudamiento. Los agricultores se enfrentan ahora a las reuniones con sus bancos para financiar la siembra de primavera, cargando en muchos casos con deudas de préstamos operativos no devueltos de la campaña anterior.
Estrategias de supervivencia financiera
Ante la falta de rentabilidad, el patrón de siembra para 2026 está virando hacia la minimización de daños en lugar de la búsqueda de beneficios. Muchos agricultores optarán por plantar soja simplemente porque requiere menos inversión inicial y fertilizantes que el maíz, a pesar de que la demanda de exportación es menor. Esta decisión suele estar impulsada por la presión de las entidades bancarias, que ven en los cultivos de bajo coste una garantía de riesgo menor frente a la insolvencia total. La rentabilidad ha desaparecido del horizonte inmediato, y para productores veteranos, el objetivo actual es simplemente «perder la menor cantidad de dinero posible».
Mientras Washington intenta paliar el golpe con subsidios, Pekín ha acelerado su estrategia de diversificación para reducir la dependencia de la producción estadounidense. China lleva dos décadas desviando sus compras de soja hacia mercados como Brasil, una tendencia que la guerra comercial de Trump solo ha servido para acelerar. Este cambio estructural sugiere que, incluso si las tensiones arancelarias cesaran mañana, el mercado estadounidense podría haber perdido permanentemente su cuota de dominio en Asia. La esperanza del sector se traslada ahora hacia la demanda interna, específicamente hacia el aumento de las cuotas de biocombustibles.
¿Sembrando el propio declive?
La paradoja del «Make America Great Again» en el sector agrícola es que el proteccionismo está erosionando los cimientos de la industria que pretendía proteger. El campo estadounidense se encuentra atrapado en una pinza geopolítica donde el apoyo gubernamental, por masivo que parezca, no es más que una transfusión de sangre para un paciente que sigue herido de gravedad por la pérdida de sus mercados naturales. Mirando hacia el futuro, la supervivencia de la granja familiar no dependerá de cheques de emergencia, sino de una redefinición total del uso de la tierra en EE. UU.
Si la apuesta por el biocombustible y la demanda doméstica de la EPA logra compensar la desconexión con China, podríamos ver un renacimiento basado en la energía verde. Sin embargo, el riesgo cultural es inmenso: si el modelo de exportación colapsa definitivamente, el paisaje rural de Estados Unidos sufrirá una transformación irreversible, donde la eficiencia corporativa sustituirá al legado de las generaciones que hicieron de este país el granero del mundo. El éxito o fracaso de este «puente» financiero determinará si 2026 es el año de la recuperación o el del inicio de un éxodo rural sin precedentes.
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