La gran brecha del elefante en África: entre la extinción en el norte y la superpoblación en el sur.

Alberto Noriega     31 enero 2026     4 min.
La gran brecha del elefante en África: entre la extinción en el norte y la superpoblación en el sur.

África vive una paradoja ecológica: mientras en Sudán del Sur el último elefante ha sido abatido, en países como Zimbabue y Botsuana el exceso de ejemplares provoca conflictos mortales con la población local.

África se enfrenta a una realidad fragmentada que los expertos llaman «la gran brecha del elefante». Mientras que en el norte, en países como Sudán del Sur, las manadas casi han desaparecido debido a la guerra y la pobreza extrema, en el sur, el éxito de la conservación en áreas como el Kaza (Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue) ha generado una población excesiva que los ecosistemas y las comunidades locales ya no pueden sostener. Esta disparidad plantea un desafío sin precedentes: ¿cómo proteger a una especie en peligro en un lugar mientras se debate su sacrificio (sacrificio selectivo o culling) en otro para evitar tragedias humanas?

El vacío del Norte: Sudán del Sur pierde su último rastro

Hace 50 años, Sudán del Sur albergaba a unos 133.500 elefantes. Hoy, esa población se ha desplomado a apenas un 5% de lo que fue. La situación alcanzó un punto crítico en el Parque Nacional de Badingilo, un área de 9.000 km² donde hasta hace poco solo quedaba un único elefante macho de 20 años. La soledad del animal era tal que, ante la falta de congéneres, se desplazaba con una manada de jirafas.

A finales de 2025, la tragedia se consumó: el último elefante de Badingilo fue abatido por presuntos cazadores furtivos. El contexto de esta pérdida es la pobreza extrema derivada de décadas de guerra civil. Cazadores locales admiten matar elefantes por hambre: «¿A quién le importa un elefante cuando estás perdiendo a tus hermanos?», relata un oficial de la comunidad. En esta región, un colmillo puede venderse por apenas 50 dólares, una cifra miserable que, sin embargo, representa la supervivencia para familias que carecen de empleo y alimentos.

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El exceso del Sur: Éxito de conservación y conflicto mortal

A 3.200 km de distancia, en Zimbabue, el problema es opuesto. El éxito en la aplicación de la ley y la protección del hábitat ha llevado a una densidad de elefantes que duplica la capacidad del ecosistema. Solo en el Parque Nacional de Hwange residen unos 60.000 elefantes, cuando la región no puede sustentar a tantos de forma sostenible.

Esta superpoblación, agravada por la crisis climática y las sequías, empuja a los elefantes a entrar en asentamientos humanos en busca de agua y comida, provocando un aumento drástico del conflicto humano-animal.

  • Historias trágicas: En localidades como Mkhosana, los elefantes deambulan entre casas compactas. Fransica Sibanda enviudó recientemente después de que un elefante pisoteara a su marido a pocos metros de su hogar.

  • Ecosistema desequilibrado: La creación de pozos artificiales en 1928 detuvo las migraciones naturales, impidiendo que el ecosistema se regenere y causando la muerte de muchos ejemplares por hambre y enfermedades, con cadáveres cubiertos de gusanos esparcidos por el parque.

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Debate ético: ¿Caza, reubicación o sacrificio?

Ante la crisis en el sur, los gobiernos de Zimbabue y Namibia anunciaron nuevos sacrificios selectivos (culls) a finales de 2024, una medida que genera indignación internacional pero que las comunidades locales defienden como necesaria. Los residentes critican la visión romántica del safari que tienen los turistas, señalando que «no se puede decir desde París lo que está pasando en Zimbabue».

Se están implementando soluciones tecnológicas y locales para mitigar el conflicto:

  1. Disuasión: Uso de látigos que suenan como disparos, hogueras y «vallas de chile» (el olor irrita a los elefantes).

  2. Barreras físicas: Vallas eléctricas de alto voltaje alimentadas por energía solar y luces estroboscópicas tipo «disco» para ahuyentar a los animales de los cultivos.

  3. Translocación masiva: Aunque se han realizado éxitos como el traslado de 500 elefantes en Malawi en 2016, el coste económico es prohibitivo para la mayoría de las ONG en la actualidad.

Un futuro incierto

La brecha entre el norte y el sur de África demuestra que no existe una solución única para la conservación del elefante. Mientras el norte lucha por reintroducir la especie en paisajes masivos y vacíos, el sur debe gestionar un éxito que se ha vuelto peligroso para su gente. Lo que queda claro es que, en una era de extinción masiva, el fracaso no es una opción, y la coexistencia entre humanos y paquidermos depende de encontrar un equilibrio entre el romanticismo del turismo y la cruda realidad de quienes comparten su tierra con los gigantes de África.

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