Gran Bretaña aprueba una cifra récord de proyectos renovables en un solo año

Alberto Noriega     2 enero 2026     6 min.
Gran Bretaña aprueba una cifra récord de proyectos renovables en un solo año
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Gran Bretaña ha cerrado el año 2025 con un récord histórico en la aprobación de proyectos de energía renovable, casi duplicando las cifras del año anterior bajo el impulso del Departamento de Seguridad Energética en Londres. Según datos de Cornwall Insight, la capacidad autorizada de baterías, parques eólicos y plantas solares alcanzó los 45GW, un incremento del 96% respecto a 2024. Este despliegue masivo responde a la estrategia del gobierno para desvincular al país de la volatilidad de los mercados de combustibles fósiles y garantizar soberanía energética mediante fuentes autóctonas. Sin embargo, el éxito administrativo se enfrenta ahora al reto físico de conectar esta potencia a una red nacional que requiere una modernización urgente para evitar cuellos de botella.

El despliegue masivo de almacenamiento

El motor principal de este crecimiento sin precedentes ha sido el sector del almacenamiento energético, con una capacidad de baterías aprobada que escaló hasta los 28,6GW, frente a los 14,9GW registrados en 2024. Este auge responde a la necesidad crítica de dotar al sistema de flexibilidad, permitiendo almacenar el excedente de generación limpia para los periodos de baja producción. Paralelamente, la eólica marina ha experimentado un renacimiento espectacular, con aprobaciones que saltaron de 1,3GW a 9,9GW en apenas doce meses, multiplicando por siete su ritmo de expansión anual gracias a una agilización de los permisos en aguas territoriales.

El secretario de Energía, Ed Miliband, ha subrayado que estas cifras demuestran un compromiso real por retomar el control de la energía británica tras años de infrainversión estructural. En los últimos cinco años, las autorizaciones para proyectos de energía limpia han crecido un 400%, consolidando una cartera de proyectos que sobre el papel es la más sólida de Europa. Esta aceleración busca proteger a los hogares de las fluctuaciones de precios internacionales, estableciendo una base de generación de bajo coste que promete reducir las facturas eléctricas de forma permanente a medida que los proyectos entren en fase operativa.

Limpieza de proyectos fantasma

A pesar del optimismo que generan los 45GW aprobados, la industria advierte que las autorizaciones administrativas no generan electricidad por sí solas si no van acompañadas de una conexión física a la red. Robin Clarke, analista senior de Cornwall Insight, señala que gran parte de esta capacidad corre el riesgo de quedar atrapada en colas de espera interminables debido a una infraestructura de red obsoleta. Para solucionar este problema, el operador del sistema energético británico ha tomado la medida drástica de cancelar cientos de proyectos inviables o «zombis» que bloqueaban el acceso a esquemas que ya están listos para su construcción.

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Esta reforma sustituye el antiguo modelo de «el primero en llegar es el primero en ser atendido» por un criterio de «el primero que esté listo y sea necesario será el primero en conectarse». Se estima que esta purga de la lista de espera permitirá dar paso a proyectos valorados en 40.000 millones de libras que son fundamentales para alcanzar el objetivo de un sistema eléctrico con cero emisiones netas para 2030. La estrategia busca priorizar aquellos desarrollos con mayor probabilidad de ejecución, evitando que la especulación con los derechos de conexión frene la transición energética real del país.

Infraestructura para la intermitencia

El vertiginoso ascenso de las renovables obliga ahora a una reinversión masiva en la red de transporte y tecnologías inteligentes para gestionar la generación intermitente. El sistema actual no fue diseñado para absorber volúmenes tan elevados de energía distribuida, lo que exige actualizar las líneas de alta tensión y mejorar la flexibilidad operativa en tiempo récord. La inversión necesaria para adecuar la red se suma a la presión de los desarrolladores, que han acelerado sus trámites ante el temor de cambios en las normativas locales tras las próximas elecciones y reglas más estrictas de acceso a la red.

La comparación con el lustro anterior revela un cambio de paradigma: la energía solar y eólica ya no son tecnologías marginales, sino la columna vertebral del mix energético británico. Sin embargo, Cornwall Insight advierte que sin una colaboración estrecha entre reguladores e industria, estos récords podrían quedarse en meras estadísticas de oficina. La construcción de grandes infraestructuras de transmisión sigue teniendo plazos mucho más largos que la instalación de paneles solares, lo que crea un desfase temporal que podría ralentizar la entrada en funcionamiento de los 45GW recién aprobados.

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Estrategia frente a la incertidumbre

La urgencia por aprobar proyectos en 2025 también ha estado motivada por el deseo de los promotores de esquivar la incertidumbre política y los posibles bloqueos en la planificación local. Muchos desarrolladores han visto en este año una ventana de oportunidad única antes de que se endurezcan las condiciones de viabilidad técnica exigidas por el operador del sistema. Esta «carrera hacia la meta» ha saturado las oficinas de planificación, pero también ha filtrado el mercado, dejando solo a los actores con mayor capacidad financiera y técnica para llevar a cabo obras de tal envergadura.

El gobierno británico defiende que cada proyecto aprobado es un paso hacia la independencia energética y una barrera contra la crisis climática que ya está afectando al país. La meta es un sistema virtualmente libre de carbono en cinco años, una ambición que requiere que el ritmo de construcción física alcance por fin la velocidad de los despachos. Con una inversión de miles de millones de libras en juego, el 2026 será el año decisivo para comprobar si la ingeniería civil británica puede estar a la altura de su ambición administrativa.

El nudo gordiano del cobre

El éxito de 2025 pone de manifiesto una paradoja moderna: tenemos la tecnología, el capital y la voluntad política, pero nos falta el hardware de conexión. El verdadero cuello de botella de la transición energética ya no es el coste de las placas solares o las turbinas, sino la disponibilidad de cables, transformadores y personal cualificado para reconfigurar el mapa energético nacional. Estamos ante una «crisis de abundancia» donde el exceso de proyectos aprobados puede morir de éxito si no se aborda la red eléctrica como el activo estratégico más crítico de la nación.

Mirando al futuro, la resiliencia energética del Reino Unido dependerá de su capacidad para convertir estos 45GW en un ecosistema digitalizado donde el almacenamiento y la demanda se comuniquen en tiempo real. El 2030 está a la vuelta de la esquina y el margen de error para las infraestructuras de red es inexistente. La gran lección de este año récord es que la sostenibilidad no se legisla, se construye, y el siguiente paso lógico es una movilización industrial sin precedentes para que el viento del Mar del Norte llegue finalmente a cada enchufe británico sin interferencias.

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