Johannesburgo exige al G20 un plan global contra la desigualdad mientras los súper ricos se disparan
Sudáfrica exige al G20 abordar la desigualdad global y propone un panel internacional similar al IPCC mientras la brecha de riqueza alcanza niveles históricos.
Sudáfrica instó este miércoles a las economías del G20 a tomar medidas urgentes contra la creciente desigualdad global, en vísperas de la cumbre de líderes que se celebrará en Johannesburgo del 22 al 23 de noviembre. Bajo el lema «Solidaridad, Igualdad y Sostenibilidad», el presidente Cyril Ramaphosa ha convertido la brecha de riqueza en la prioridad central e impulsó la elaboración del primer informe del G20 sobre desigualdad. El llamado llega en un momento en que los multimillonarios del G20 aumentaron su riqueza en 2,2 billones de dólares en un solo año, coincidiendo con un auge de la pobreza a nivel mundial.
Un G20 en Johannesburgo marcado por la desigualdad estructural
Sudáfrica se prepara para recibir a los líderes del G20 con un mensaje claro: la desigualdad debe ser tratada como una emergencia global. Es la primera vez que la cumbre se celebra en suelo africano, y el presidente Cyril Ramaphosa ha decidido situar la brecha de riqueza en el corazón del encuentro.
La oportunidad no podría ser más simbólica. Según datos de Oxfam, los multimillonarios de los países del G20 aumentaron su riqueza de 13,4 a 15,6 billones de dólares en solo un año, un incremento de 2,2 billones. Ese incremento excede de largo los 1,65 billones necesarios para sacar a 3.800 millones de personas de la pobreza extrema.
Ramaphosa encargó el primer informe oficial del G20 sobre desigualdad global para fundamentar la discusión con datos rigurosos. El tema fue incorporado bajo el lema de la cumbre —Solidaridad, Igualdad y Sostenibilidad— con la intención de “cambiar la narrativa del poder económico global desde el Sur”, según altas fuentes del gobierno sudafricano.
Para Sudáfrica, la lucha contra la desigualdad es una cuestión histórica y moral: «La concentración de riqueza en manos de unos pocos es incompatible con el desarrollo global», ha declarado Ramaphosa en múltiples foros previos a la cumbre. El país busca que la discusión derive no solo en diagnósticos, sino en compromisos fiscales y normativos compartidos.
El contexto geopolítico añade urgencia. Divisiones en torno al comercio, la fiscalidad internacional y la gobernanza global han fragmentado al grupo en los últimos años. Sudáfrica apuesta por reposicionar el G20 como un espacio capaz de establecer reglas comunes, especialmente en ausencia de consenso en otros foros multilaterales.
Un informe histórico: el 1% acapara 41% de toda la nueva riqueza mundial
En el centro de esta ofensiva se encuentra un informe sin precedentes del Comité Extraordinario de Expertos Independientes del G20 sobre Desigualdad Global, liderado por el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. El reporte, publicado el 4 de noviembre, ofrece una radiografía contundente de la desigualdad contemporánea.
La conclusión principal es demoledora: desde el año 2000, el 1% más rico del planeta ha capturado 41 centavos de cada dólar adicional de riqueza generado, mientras que la mitad más pobre de la humanidad solo ha recibido un centavo.
Para Stiglitz, esto no es solo un fallo económico: “Enfrentamos una emergencia de desigualdad tan grave como la emergencia climática”, afirmó durante la presentación. Según el economista, el fenómeno amenaza directamente a la democracia, la estabilidad política y la cohesión social.
El comité propone crear un Panel Internacional sobre Desigualdad, inspirado en el IPCC, que produzca evaluaciones científicas periódicas, sintetice conocimiento global y formule recomendaciones para gobiernos. Más de 500 economistas de 70 países apoyan la creación de este panel, una señal de amplio consenso académico.
Ramaphosa respaldó la propuesta calificándola como “un paso tremendo” y pidió a los miembros del G20 comprometerse formalmente en Johannesburgo a ponerla en marcha. Sudáfrica busca que el panel sirva de “brújula científica” para la acción global en la próxima década.
La importancia del informe radica en su fundamentación empírica y en su capacidad de proponer soluciones internacionales, desde reformas fiscales progresivas hasta la reducción de los flujos financieros ilícitos. “No podemos arreglar el sistema económico global sin arreglar la desigualdad”, concluye el documento.
Deuda, desarrollo y un G20 sin Estados Unidos
La cumbre llega en un contexto de crisis de deuda sin precedentes. Más de la mitad de los países de bajos ingresos están en dificultades o en alto riesgo, según el FMI. Se estima que 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en intereses de la deuda que en educación o salud.
Para organizaciones como Oxfam, esto equivale a un colapso del contrato social. “Estos países no han incumplido sus deudas, pero están incumpliendo el desarrollo”, afirmó Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional.
El Marco Común del G20, creado hace cuatro años para reestructurar la deuda, ha sido ampliamente criticado. A pesar de que 69 países son elegibles, solo cuatro lo han solicitado y los avances han sido mínimos: la deuda externa total de los países en riesgo solo se ha reducido un 7%.
Este fracaso ha generado un creciente llamado a una reforma del sistema financiero internacional, desde una mayor participación de países de renta baja en la gobernanza hasta la implementación de mecanismos de alivio más ágiles y automáticos. Sudáfrica pretende que estas discusiones emerjan con fuerza durante la cumbre.
Pero la reunión también estará marcada por una ausencia notable: Estados Unidos no participará. Donald Trump anunció que su administración boicotearía la cumbre, continuidad de su retirada en enero del tratado fiscal global de la OCDE.
El ministro sudafricano Ronald Lamola intentó restar dramatismo: “La transferencia de presidencia al próximo país será ceremonial, pero la cumbre debe continuar”, declaró. Aun así, la ausencia de la mayor economía mundial amenaza con limitar la ambición de los acuerdos.
Oxfam ha instado al grupo a retomar la propuesta de gravar a los ultrarricos, impulsada por Brasil en 2024. Actualmente, solo 8 centavos de cada dólar de recaudación fiscal en el G20 proviene de la riqueza, una proporción que expertos consideran “ridículamente baja” dadas las brechas actuales.
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