Nuevo asteroide guarda minerales más antiguos que la Tierra

Alberto Noriega     28 agosto 2025     4 min.
Nuevo asteroide guarda minerales más antiguos que la Tierra

Minerales de 4.700 millones de años hallados en el asteroide Ryugu podrían revelar el origen de la vida y del sistema solar.

Un equipo de científicos ha encontrado en el asteroide Ryugu minerales que se formaron antes que la Tierra misma, hace más de 4.700 millones de años. El descubrimiento, realizado con tecnología de rayos X de última generación en EE. UU., confirma que Ryugu contiene elementos químicos que no existen en nuestro planeta. Mientras tanto, nuevos datos del telescopio espacial James Webb sugieren que Ryugu y Bennu podrían ser fragmentos de un mismo cuerpo ancestral. Estos hallazgos abren nuevas vías para entender cómo se formó el sistema solar —y quizá, la vida misma.

Fósiles químicos del sistema solar

Las muestras analizadas de Ryugu contienen minerales que jamás se habían encontrado en la Tierra, incluyendo un fosfuro raro y dolomita con manganeso, formados en condiciones que datan de cuando el sistema solar apenas nacía. Según el Laboratorio Nacional de Brookhaven, estas sustancias se originaron a partir de la interacción de hielo derretido con roca primitiva, un proceso lento impulsado por el calor de la desintegración radiactiva.

Los resultados fueron posibles gracias a la fuente de luz sincrotrón del National Synchrotron Light Source II, una de las más avanzadas del mundo. Allí, dos diminutos granos del asteroide fueron escaneados sin destruirlos, revelando elementos como selenio, fósforo, hierro y calcio, lo que sugiere una actividad hidrotermal milenaria y un entorno químicamente complejo.

“La Tierra ha borrado muchas de sus propias huellas geológicas,” explicaron los científicos de Brookhaven. “Pero asteroides como Ryugu son cápsulas del tiempo químicas.” También se halló hidroxiapatita, el mineral presente en huesos y dientes humanos, lo que sugiere procesos químicos familiares y universales desde el origen del sistema solar.

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La conexión secreta entre Ryugu y Bennu

Paralelamente, un estudio del Southwest Research Institute ha revelado que Ryugu y Bennu, los dos asteroides más estudiados del siglo, comparten una herencia común. Usando espectroscopía infrarroja del telescopio James Webb, se ha demostrado que ambos provienen probablemente de un mismo cuerpo progenitor: el asteroide Polana, ubicado en el cinturón principal entre Marte y Júpiter.

La teoría, respaldada por la coincidencia en firmas químicas, sugiere que una colisión masiva fragmentó al antiguo Polana hace más de 4.000 millones de años, y los restos, arrastrados por la gravedad de Júpiter, derivaron hacia el sistema solar interior.

“Polana es el cuerpo más grande sobreviviente de esa familia de asteroides,” explica la autora principal, la doctora Anicia Arredondo. Según su equipo, los datos refuerzan la hipótesis de que los ingredientes de la vida podrían haber llegado a la Tierra a bordo de estos fragmentos ricos en carbono.

Aunque tanto Bennu como Ryugu son clasificados como asteroides potencialmente peligrosos por su cercanía a la Tierra, ninguno representa una amenaza en el próximo siglo. Más bien, se han convertido en archivos vivientes que contienen pistas sobre el origen del agua, el carbono y la vida en el sistema solar.

¿De dónde venimos realmente?

El hallazgo de fosfatos, sulfuros y óxidos en Ryugu, combinados con las similitudes espectrales con Bennu y Polana, refuerza una idea cada vez más sólida: los ingredientes básicos de la vida podrían no haberse originado en la Tierra, sino haber llegado desde el espacio. Y no en meteoritos al azar, sino en cuerpos que conservaron durante miles de millones de años su química original.

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Estas muestras fueron recolectadas por la misión japonesa Hayabusa2 en 2020 y por la misión OSIRIS-REx de la NASA en 2023. Ambos proyectos devolvieron material directamente desde la superficie de los asteroides a la Tierra, marcando una nueva era de exploración espacial basada en ciencia de laboratorio.

El siguiente paso será comparar las muestras de Ryugu y Bennu con técnicas de rayos X de alta resolución, para comprobar cuánto se alteraron —y cuánto conservaron— de su origen común. Los científicos creen que en estos microgramos de polvo pueden esconderse las primeras moléculas orgánicas complejas que habitaron el sistema solar primitivo.

Piedras más sabias que el planeta

Los descubrimientos en Ryugu no son simplemente fascinantes: son fundamentales. Nos enfrentamos a minerales que formaban parte del universo antes de que existiera la Tierra, que han sobrevivido al paso del tiempo sin ser destruidos por tectónica, erosión o volcanes. En ellos podría estar escrito el código químico del origen de todo lo que conocemos.

Más que rocas flotando en el vacío, Ryugu y Bennu son testigos de un pasado en el que la vida aún no existía, pero ya se estaba preparando su receta. La ciencia, gracias a ellos, no solo busca saber cómo empezó el sistema solar, sino por qué algunos planetas como el nuestro se volvieron habitables.

En los próximos años, la combinación de telescopios espaciales y laboratorios de rayos X podría terminar por confirmar que los cometas y asteroides no son amenazas, sino mensajeros. Y que, quizás, no somos hijos exclusivos de la Tierra, sino de un polvo milenario que vino de más allá de Marte, cargado de posibilidades.

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