Por qué la sostenibilidad es la única vía para salvar el aceite de oliva
La olivicultura sostenible regenera suelos y biodiversidad. Descubre cómo las cubiertas vegetales y el pastoreo controlado salvan la rentabilidad del olivar.
Expertos internacionales, liderados por Antonio Manzaneda de la Universidad de Jaén, han alertado este enero de 2026 sobre la pérdida de hasta un 40% del suelo fértil en los olivares tradicionales debido a décadas de prácticas agresivas y el uso de fitosanitarios. En respuesta, la olivicultura sostenible emerge como un modelo regenerativo que combina el conocimiento ancestral con la tecnología de precisión para restaurar la biodiversidad. Mediante el uso de cubiertas vegetales y la eliminación de herbicidas, este sistema no solo protege el patrimonio cultural del Mediterráneo, sino que permite que cada hectárea de olivo absorba hasta 4,58 toneladas de $CO_2$ al año. La transición es crítica: sin suelos sanos que retengan el agua, la rentabilidad económica del sector está en riesgo frente a la desertificación y el cambio climático.
El fin del modelo de explotación intensiva
La producción de aceite de oliva se ha triplicado en los últimos 60 años, alcanzando cifras récord que superan los 3,3 millones de toneladas para la campaña 2024-2025. Sin embargo, este crecimiento ha tenido un coste ambiental invisible: la erosión irreversible del suelo. Los sistemas superintensivos, aunque altamente productivos a corto plazo, demandan una cantidad de insumos químicos y agua que comprometen la viabilidad de los acuíferos. Según el CSIC, el suelo del olivar ha dejado de ser un organismo vivo para convertirse en un mero soporte físico donde los árboles se alimentan «artificialmente» de lo que aporta el agricultor.
Frente a la pérdida de diversidad genética que suponen los monocultivos de variedades como la arbequina, el Consejo Oleícola Internacional (COI) está impulsando bancos de germoplasma con más de 1.200 variedades de 29 países. El reto ahora es integrar esta riqueza varietal en sistemas que no dependan del laboreo agresivo. La clave está en entender que la rentabilidad real debe incluir los costes ambientales; de lo contrario, estamos consumiendo el capital natural de las futuras generaciones para obtener beneficios inmediatos.
Cubiertas vegetales: el escudo del olivar
La técnica más eficaz y económica para transformar un olivar es la implantación de la cubierta vegetal herbácea. Mantener una capa de vegetación entre los olivos tiene efectos casi inmediatos: frena la erosión, mejora la infiltración del agua de lluvia y reduce la evaporación del suelo. Manzaneda subraya que esta práctica no interfiere en la producción y es el primer paso para recuperar la fauna auxiliar que lucha de forma natural contra las plagas, reduciendo la necesidad de pesticidas.
Iniciativas como Olivares Vivos (SEO BirdLife) han demostrado que es posible aumentar la rentabilidad recuperando la biodiversidad. Su modelo incluye la restauración de espacios improductivos con arbustos y la instalación de bebederos y cajas nido para aves. Otro caso de éxito es la finca Valle del Conde en Córdoba, que utiliza un pastoreo controlado de 1.200 ovejas para gestionar la hierba. El ganado actúa como una «desbrozadora biológica» que abona el terreno de forma orgánica, cerrando un ciclo de economía circular que ahorra costes en maquinaria y químicos.
Tecnología de precisión y créditos de carbono
La olivicultura sostenible de 2026 no renuncia a la tecnología; la abraza para ser más eficiente. La olivicultura de precisión utiliza sensores para monitorizar el estado hídrico de cada árbol y la composición del suelo, aplicando tratamientos solo donde es estrictamente necesario. Además, el COI está desarrollando una metodología para que los agricultores puedan participar en los mercados voluntarios de créditos de carbono. Dado que el olivar es un sumidero de carbono excepcional, el aceite de oliva podría venderse pronto no solo por su calidad nutricional, sino por su capacidad certificada para neutralizar la huella de carbono de los consumidores.
Esta «monetización del aire limpio» abre una nueva vía de ingresos para el olivar tradicional de montaña, a menudo menos competitivo en volumen pero con una capacidad de absorción de $CO_2$ y protección del paisaje superior a los sistemas de seto. El balance de carbono se convierte así en un argumento de marketing y una herramienta de financiación verde que premia al agricultor que cuida su ecosistema.
Un cambio de mentalidad: de cavar a sembrar
La máxima de la restauración ambiental es clara: «para salir de un hoyo, lo primero es dejar de cavar». Esto implica cesar las perturbaciones químicas y mecánicas que destruyen la microfauna del suelo. La olivicultura ecológica ya representa el 8,2% de la superficie mundial de olivar, demostrando que el uso de variedades autóctonas adaptadas al entorno es más resiliente frente a las olas de calor y la sequía. Al no voltear la tierra, se preserva la estructura del suelo y su capacidad para secuestrar carbono de forma permanente.
En Driving Eco, vemos el olivar no solo como una fábrica de aceite, sino como una infraestructura verde estratégica para el sur de Europa. La sostenibilidad no es un lujo ético, es un seguro de vida para el agricultor. Aquellos que hoy inviertan en regenerar su suelo estarán mejor preparados para las exigentes normativas europeas y para un mercado que cada vez valora más el «oro líquido» que proviene de bosques vivos, no de desiertos de estacas.
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