Los retrocesos climáticos de Trump podrían causar 1,3 millones de muertes adicionales para 2115

Alberto Noriega     26 noviembre 2025     5 min.
Los retrocesos climáticos de Trump podrían causar 1,3 millones de muertes adicionales para 2115

Un análisis de ProPublica y The Guardian revela que los retrocesos climáticos de Trump añadirán 1,3 millones de muertes por calor en 80 años, afectando sobre todo a los países pobres.

Un nuevo análisis de ProPublica y The Guardian publicado este miércoles alerta que las reversiones climáticas del presidente Donald Trump podrían provocar 1,3 millones de muertes adicionales relacionadas con la temperatura para el año 2115. El estudio, basado en modelos del Grupo Rhodium y la métrica científica del “costo de mortalidad del carbono”, se presenta mientras los líderes mundiales discuten el futuro climático en la COP30 en Belém, Brasil. La investigación sostiene que los países más pobres sufrirán la mayor parte del impacto, mientras Estados Unidos se ausenta de la conferencia por primera vez en su historia.

Un cálculo mortal: 1,3 millones de vidas en riesgo por las políticas climáticas de EE.UU.

El análisis combina proyecciones de emisiones del Grupo Rhodium, que estima que las políticas de Trump añadirán 5,7 mil millones de toneladas métricas de CO₂ para 2035, con el modelo revisado por pares del economista R. Daniel Bressler, que calcula que 4.434 toneladas métricas de CO₂ equivalen a una muerte por temperatura en 80 años.

Los investigadores concluyen que, si estas políticas se mantienen a lo largo de la década, el calentamiento generado continuará afectando al planeta hasta 2115, incluso si futuras administraciones revierten los retrocesos. El resultado: hasta 1,3 millones de muertes adicionales por causas relacionadas con el calor extremo.

La cifra solo contempla muertes directas por calor —como golpes de calor o colapsos cardiovasculares— y no incluye impactos indirectos como sequías, inundaciones, huracanes o la caída del rendimiento agrícola. La mortalidad real podría ser significativamente mayor, según advierten los autores del estudio.

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El informe se publica en un momento simbólico: EE.UU. no envió delegación oficial a la COP30 por primera vez en 30 años, reforzando la percepción internacional de que Washington ha abandonado el liderazgo climático. Para los investigadores, esta ausencia agrava la preocupación: “Las decisiones de un solo país condicionan el destino climático global durante generaciones”, señala el informe.

ProPublica y The Guardian enmarcan este análisis como una llamada de alerta: las decisiones regulatorias de esta década “fijarán la trayectoria climática del siglo”, en un contexto donde cada fracción de grado incrementa el riesgo de mortalidad masiva.

Los más pobres pagan el precio: África y el sur de Asia en primera línea

Aunque Estados Unidos es responsable de alrededor del 20% de las emisiones históricas del planeta, sufrirá solo el 1% de las muertes adicionales derivadas de los retrocesos climáticos de Trump. En contraste, África y el sur de Asia —regiones con mínima responsabilidad histórica— sufrirán los peores efectos.

Los modelos señalan que Níger y Somalia experimentarán las tasas de mortalidad per cápita más altas del mundo, mientras que India sufrirá el mayor número total de muertes relacionadas con el calor. La combinación de alta densidad poblacional, urbanización acelerada, infraestructuras frágiles y sistemas sanitarios saturados actúa como multiplicador del riesgo.

En el caso de Pakistán, el país representa solo el 3% de la población mundial, pero generará entre el 6 y el 7% de las muertes globales por calor extremo. “La gente de mi comunidad morirá”, declaró la activista climática Ayisha Siddiqa, cuyo padre fue hospitalizado durante la ola de calor de 2022 que superó los 120 ºF.

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Los investigadores advierten que esta desproporción es estructural: los países más pobres carecen de capacidad para combatir olas de calor crecientes, desde infraestructuras básicas hasta sistemas de alerta temprana. El informe describe cómo las regiones tropicales, con escasa variabilidad térmica histórica, son especialmente vulnerables al estrés térmico futuro.

El análisis también apunta a que el aumento de muertes por calor se acelerará de forma no lineal conforme aumenten las temperaturas. Una fracción adicional de grado produce un salto extraordinario en la mortalidad en zonas cercanas a los límites fisiológicos humanos.

El estudio pone rostro a las estadísticas: “Las decisiones políticas de Washington hoy determinarán quién vive y quién muere en Karachi, Bamako o Niamey dentro de 50 años”, resume uno de los investigadores.

Una ofensiva regulatoria que acelera la crisis

Los retrocesos de Trump comenzaron en cuanto regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. El 12 de marzo, el administrador de la EPA, Lee Zeldin, presentó “la acción desregulatoria más grande en la historia de EE.UU.”, enfocada en revertir estándares de emisiones para vehículos, plantas eléctricas y operaciones petroleras y gasíferas.

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El golpe más simbólico llegó el 4 de julio, cuando Trump firmó la “Ley del Único Gran Proyecto de Ley Hermoso”, que recortó incentivos fiscales para la energía solar, la energía eólica y los vehículos eléctricos, mientras ampliaba apoyo económico al carbón. Las políticas reducen la velocidad de la transición energética estadounidense en la década más crítica para el clima global.

En Estados Unidos, los efectos del calor ya son visibles. Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Yale muestra que las muertes relacionadas con el calor aumentaron un 50% desde 2000, pasando de 2.670 por año entre 2000 y 2009 a más de 4.000 entre 2010 y 2020.

A pesar de las advertencias científicas, la administración Trump rechaza las conclusiones del informe. La portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, calificó la ciencia climática como “falsedades alarmistas de la izquierda” y tildó la evidencia de “Estafa de la Energía Verde”. La EPA también desestimó la métrica de Bressler como “postura moral”.

Pero la comunidad científica defiende su validez: el estudio de Bressler publicado en Nature Communications en 2021 fue evaluado como “valioso e intuitivo” para orientar políticas públicas, y el propio autor asesoró al Consejo Económico de la Casa Blanca en materia climática. Su modelo sirve hoy como referencia internacional para calcular los costos humanos del carbono.

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