Adiós al Model S y X, bienvenido el robot Optimus: Tesla cierra su peor año en historia y apuesta todo

Alberto Noriega     9 febrero 2026     6 min.
Adiós al Model S y X, bienvenido el robot Optimus: Tesla cierra su peor año en historia y apuesta todo

Tesla cierra 2025 con beneficios caídos 46% y anuncia fin de Model S/X para reconvertir fábrica en producción de robots humanoides Optimus

Tesla cerró 2025 con sus peores resultados financieros desde que cotiza en bolsa: beneficios netos cayeron un 46% hasta 3.794 millones de dólares, mientras los ingresos totales descendieron un 3% hasta 94.827 millones, marcando la primera reducción anual de ventas en la historia de la compañía . El fabricante perdió su corona como mayor vendedor mundial de vehículos eléctricos ante la china BYD, que entregó 2,26 millones de unidades frente a los 1,63 millones de Tesla . En respuesta, Elon Musk anunció durante la llamada de resultados una decisión drástica: Tesla descontinuará los icónicos Model S y Model X antes de finalizar el segundo trimestre de 2026, reconvirtiendo sus líneas de producción en la fábrica de Fremont (California) para fabricar el robot humanoide Optimus . La compañía se redefine oficialmente como «empresa de inteligencia artificial física» tras una inversión de 2.000 millones de dólares en xAI, la startup de IA de Musk que desarrolla el chatbot Grok.

El desplome: más que números rojos

Los datos son elocuentes. Los ingresos por venta de automóviles cayeron un 11% hasta 69.526 millones de dólares, representando dos tercios del negocio total, mientras que en el cuarto trimestre las ganancias netas se desplomaron un 61% hasta apenas 840 millones de dólares . Aunque las cifras superaron ligeramente las expectativas de Wall Street (50 centavos por acción frente a 45 centavos previstos), el mercado ha castigado duramente a la empresa: el valor de marca Tesla se desplomó 15.400 millones de dólares (un 36%) durante 2025 según Brand Finance, consecuencia directa de las controversias políticas de Musk, el boicot de consumidores progresistas y la competencia china .

La eliminación del crédito fiscal federal de 7.500 dólares para vehículos eléctricos en Estados Unidos —ironía suprema, dado que Musk apoyó al presidente Trump, quien firmó la orden— ha reducido drásticamente la competitividad de Tesla frente a alternativas más baratas . BYD no solo superó a Tesla en volumen de ventas, sino que lo hizo con una estrategia de precio agresiva y una gama más diversificada, demostrando que el dominio tecnológico ya no garantiza el liderazgo de mercado cuando los consumidores pueden elegir entre docenas de opciones eléctricas.

Tesla Model 3 Highland Batch

Model S y X: víctimas del giro estratégico

El Model S, presentado en 2012, transformó la industria automotriz al demostrar que un eléctrico podía ser rápido, elegante y deseable. El Model X, lanzado en 2015 con sus icónicas puertas de ala de halcón, consolidó la imagen premium de Tesla. Ahora, Musk los califica como «programas honorables» que deben retirarse porque la empresa se mueve «hacia un futuro basado en la autonomía» .

La decisión es tanto pragmática como simbólica. El Model S y X representan solo una pequeña fracción de las ventas totales de Tesla, muy por debajo del Model 3 y Model Y, sus caballos de batalla masivos. Mantener líneas de producción para vehículos de bajo volumen (menos de 100.000 unidades anuales combinadas) tiene poco sentido económico cuando la empresa necesita reestructurar costos y reasignar capital hacia proyectos de mayor rentabilidad teórica como Optimus o los robotaxis . Sin embargo, el mensaje implícito es contundente: Tesla ya no se ve a sí misma como fabricante de automóviles de lujo, sino como una plataforma de robótica e IA que casualmente hace coches.

Optimus: ¿salvavidas o distracción?

La reconversión de Fremont para producir robots humanoides es una apuesta multimillonaria en un mercado que aún no existe. Optimus es un bípedo diseñado para tareas repetitivas en fábricas, almacenes y potencialmente hogares, compitiendo directamente con iniciativas de Boston Dynamics, Figure AI y fabricantes chinos que están adelantando prototipos comerciales . Musk ha proyectado que Optimus podría convertirse en el producto más valioso de Tesla, superando a todos los coches combinados, pero esta visión depende de resolver enormes desafíos técnicos (autonomía de batería, destreza manual, inteligencia contextual) y construir una cadena de suministro completamente nueva.

La inversión de 2.000 millones en xAI revela la verdadera estrategia: integrar Grok como el «cerebro» de los robots, alimentando capacidades de lenguaje natural, razonamiento y aprendizaje continuo . Esto alinea a Tesla con la visión de «IA física» que Musk ha defendido públicamente: robots que no solo ejecutan tareas programadas, sino que entienden contextos complejos y mejoran con la experiencia. El problema es que esta transición requiere años de I+D mientras los ingresos actuales sangran.

Bot 86

Wall Street apuesta por la narrativa, no por los números

Pese al desplome de beneficios, las acciones de Tesla subieron un 3% en operaciones fuera de mercado tras el anuncio de resultados, una señal clara de que los inversores valoran más la promesa de robotaxis y humanoides que la realidad de vender coches hoy . Musk reconoció que la empresa enfrentará «algunos trimestres difíciles», pero insistió en que el futuro está en la autonomía total y la robótica de propósito general .

Esta divergencia entre resultados operativos y reacción bursátil refleja el «efecto Musk»: la capacidad del CEO para vender visiones que trascienden los estados financieros trimestrales. Sin embargo, también expone una fragilidad: si Optimus no llega al mercado a gran escala antes de 2028, o si los robotaxis enfrentan más retrasos regulatorios, Tesla podría quedarse sin narrativa antes de que la nueva estrategia genere ingresos sostenibles.

La metamorfosis obligada

La decisión de descontinuar el Model S y X no es simplemente una racionalización productiva; es un reconocimiento de que el modelo de negocio tradicional de Tesla —vender coches eléctricos premium— ha alcanzado su límite de crecimiento en un mercado saturado y hostil. BYD y decenas de competidores chinos han demostrado que pueden fabricar vehículos eléctricos competitivos a precios más bajos. Los boicots políticos han erosionado la lealtad de marca en mercados clave como California y Europa. Y la eliminación de subsidios ha roto la ecuación económica que hacía a Tesla accesible para las clases medias.

Ante este panorama, Musk hace lo que mejor sabe: doblar la apuesta en tecnología disruptiva. La transición de «fabricante de coches» a «empresa de IA física» es audaz, arriesgada y posiblemente inevitable. Si tiene éxito, Tesla podría reinventarse como el proveedor dominante de robótica inteligente en fábricas, hospitales y hogares, con márgenes mucho más altos que los de la automoción. Si falla, habrá sacrificado dos décadas de herencia automovilística persiguiendo un futuro que nunca materializó.

Por ahora, Fremont se prepara para su última producción de sedanes y SUVs de lujo. El Model S, que en 2012 hizo creer al mundo que los eléctricos podían ser aspiracionales, se retirará sin ceremonia mientras las máquinas que lo construyeron se reprograman para ensamblar humanoides. Es, quizás, la metáfora perfecta de la era Musk: desechar lo que funciona para perseguir lo que podría cambiar todo. El mercado ha apostado a que tiene razón. El tiempo dirá si esta vez calculó bien.

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