Apple reagrupa sus fuerzas: Craig Federighi asume el control total de la IA.
Apple reestructura su división de IA bajo Craig Federighi y firma una alianza histórica con Google para potenciar Siri y Apple Intelligence.
Apple ha culminado una profunda reestructuración de su división de inteligencia artificial, situando al jefe de software, Craig Federighi, como el máximo responsable de las decisiones estratégicas que marcarán el futuro de Siri y Apple Intelligence. Esta consolidación, finalizada en diciembre, busca acelerar el ritmo de innovación tras un periodo de insatisfacción interna por el lento progreso de la compañía frente a sus competidores. Según informes de The Information, Federighi ha tomado las riendas con un enfoque pragmático, integrando los equipos de software e IA bajo un mismo mando para eliminar fricciones operativas. Esta metamorfosis organizativa responde a la necesidad urgente de dotar al ecosistema de Apple de una inteligencia competitiva en un mercado que ya no perdona el conservadurismo tecnológico.
El nuevo orden jerárquico
La reorganización ha provocado cambios significativos en la cúpula directiva, destacando la salida de John Giannandrea, quien se jubilará en la primavera de 2026 tras dejar la supervisión de Siri en manos de Mike Rockwell. En su lugar, Apple ha nombrado a Amar Subramanya, exinvestigador de Google y Microsoft, como nuevo vicepresidente de IA, reportando directamente a Federighi. Este movimiento se produce poco después de que Apple confirmara una alianza plurianual con Google para utilizar sus modelos Gemini y tecnología en la nube. Con este acuerdo, la firma de Cupertino admite implícitamente que la tecnología de Google ofrece la base más capaz para impulsar sus modelos de lenguaje y la esperada renovación de Siri.
A pesar de esta apertura hacia socios externos, Apple mantiene su apuesta por la eficiencia operativa y el procesamiento en el dispositivo. Federighi, conocido por su escepticismo ante inversiones multimillonarias con retornos inciertos, ha impuesto una política de control de costes que contrasta con el gasto masivo de OpenAI o Meta. La estrategia se centra en su sistema Private Cloud Compute y en la ejecución local de tareas, apostando a que los costes de computación caerán drásticamente. Sin embargo, esta postura «austera» ha generado tensiones con algunos equipos internos, quienes consideran que la falta de inversión masiva en infraestructura limita su capacidad de competir contra modelos externos más potentes.
Tensiones bajo la superficie
El camino hacia esta consolidación no ha estado exento de conflictos internos y críticas hacia el enfoque conservador de la dirección. Ya en 2019, Mike Rockwell propuso interfaces impulsadas por IA para las Vision Pro que fueron rechazadas por Federighi, quien temía que reorganizaciones dinámicas de la pantalla confundieran a los usuarios. No fue hasta la explosión de ChatGPT cuando el jefe de software cambió su postura, rindiéndose ante el potencial de los modelos de lenguaje a gran escala. Estas discrepancias sobre la dirección creativa han marcado la relación entre los líderes, con equipos de desarrollo quejándose de una falta de guía clara sobre el uso final de sus modelos.
Aun así, Apple no planea depender exclusivamente de Google a largo plazo y continúa desarrollando sus propios modelos integrados en el hardware. La compañía está buscando activamente la adquisición de pequeñas firmas especializadas en compresión de modelos para mejorar la eficiencia de su IA local.
El objetivo es mantener el control sobre la experiencia del usuario y la privacidad, dos pilares de la marca, mientras se utiliza la potencia de Gemini para las tareas más complejas en la nube. Esta estrategia híbrida busca equilibrar la innovación externa con el control interno, intentando que el iPhone recupere su estatus como el dispositivo inteligente por excelencia.
El dilema del conservadurismo
La centralización del poder en Federighi marca un punto de inflexión donde Apple prioriza la integración y la experiencia de usuario sobre la experimentación pura en IA. En 2026, la empresa se encuentra en una encrucijada: debe demostrar que su enfoque consciente de los costes y centrado en la privacidad puede producir una IA tan útil como la de sus rivales que gastan diez veces más. La alianza con Google es un salvavidas necesario, pero también una señal de que los laboratorios de Cupertino no pudieron ganar la batalla inicial de los modelos de fundación por sí solos.
El futuro de Apple dependerá de si Federighi logra transformar esa cautela inicial en un ecosistema de IA que se sienta natural y no invasivo. La apuesta por la IA local y la compresión de modelos es técnicamente brillante, pero solo será exitosa si Siri deja de ser un asistente limitado para convertirse en un agente autónomo real. En los próximos meses, veremos si esta nueva Apple, más pragmática y abierta a colaboraciones, es capaz de recuperar el terreno perdido o si el control de costes de Federighi terminará por sofocar la ambición necesaria para liderar la próxima revolución tecnológica.
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