¿Caos en el cielo? Los satélites de Musk esquivaron 300.000 choques en un solo año
SpaceX revela que Starlink realizó 300.000 maniobras evasivas en 2025 ante la creciente y peligrosa congestión de satélites chinos en órbita.
SpaceX informó a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) que su red Starlink ejecutó aproximadamente 300.000 maniobras para evitar colisiones durante 2025, un incremento del 50% respecto al año anterior. Este aumento sin precedentes refleja un entorno de órbita terrestre baja cada vez más congestionado por la irrupción de constelaciones competidoras, especialmente de origen chino. Según el informe presentado el 31 de diciembre, solo entre junio y noviembre se realizaron casi 150.000 movimientos evasivos, marcando un hito en la gestión del tráfico orbital. La situación evidencia una tensión creciente entre los operadores globales, donde la falta de comunicación y el despliegue masivo de hardware están llevando la seguridad espacial al límite de su capacidad operativa.
Riesgo bajo bandera china
El reporte de SpaceX identifica a los objetos espaciales chinos como la principal fuente de riesgo de colisión en la actualidad. Durante el segundo semestre de 2025, siete de los veinte objetos que más ajustes de órbita provocaron en Starlink procedían de China, acumulando más de 3.700 maniobras de emergencia. El satélite Honghu-2, de la empresa Shanghai Lanjian Hongqing Technology, fue señalado como el «problema más frecuente» tras protagonizar más de 1.000 aproximaciones peligrosas con la flota de Musk. Las tensiones alcanzaron su punto máximo el 9 de diciembre, cuando un satélite chino recién lanzado pasó a escasos 200 metros de un equipo Starlink sin coordinación previa.
Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, denunció que los operadores chinos no realizan labores de desconflicto ni coordinación con los satélites existentes. La firma subraya en su documento ante la FCC que el intercambio de datos constante es esencial para prevenir catástrofes orbitales, pero lamenta que los operadores de China y Rusia se muestren reacios a compartir información crítica. Esta falta de transparencia, sumada a la velocidad de los lanzamientos, está obligando a SpaceX a operar bajo un umbral de riesgo extremadamente estricto, iniciando maniobras cuando la probabilidad de impacto es de apenas 3 entre 10 millones.
Un modelo hacia el colapso
Expertos internacionales advierten que la trayectoria actual del tráfico espacial es insostenible a largo plazo. Hugh Lewis, profesor de la Universidad de Southampton, estima que SpaceX alcanzará el millón de maniobras anuales para 2027 si el ritmo de lanzamientos se mantiene. Con más de 9.400 satélites en funcionamiento, Starlink ya representa el 65% de todas las naves operativas en órbita, lo que genera críticas sobre un posible monopolio del espacio. «Desde la perspectiva de la física, esto no es favorable», advirtió Lewis, sugiriendo que la saturación está alcanzando un punto de no retorno.
La congestión orbital empeorará drásticamente en los próximos años con los megaproyectos de Pekín. El proyecto estatal Guowang planea desplegar 13,000 satélites, mientras que la iniciativa Qianfan aspira a superar los 15,000 para el año 2030. Sin embargo, la cifra más alarmante proviene de los documentos presentados ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones, donde China indica planes para lanzar más de 200,000 satélites de internet. Este despliegue masivo amenaza con ocupar físicamente las órbitas más útiles, dificultando el acceso a otras naciones y aumentando exponencialmente el riesgo del efecto Kessler.
Tráfico en el vacío
La gestión del espacio ha dejado de ser una cuestión puramente técnica para convertirse en un tablero de ajedrez geopolítico donde el vacío se está llenando de desconfianza. El hecho de que una sola empresa privada sea responsable del 65% de los satélites activos otorga a SpaceX un poder de control sin precedentes, pero también la sitúa como el principal «policía de tráfico» en un escenario donde nadie parece querer respetar las señales. La órbita terrestre baja se está transformando en un recurso finito y saturado, similar a lo que ocurre con el espectro radioeléctrico, pero con la diferencia de que un choque aquí genera metralla que viaja a miles de kilómetros por hora durante siglos.
En el futuro cercano, el éxito de la economía espacial no dependerá de quién lance más rápido, sino de quién sea capaz de coordinar mejor. Si no se establecen protocolos de comunicación obligatorios y transparentes entre potencias, el riesgo de una colisión en cadena que inutilice órbitas enteras dejará de ser una teoría para ser una certeza estadística. En 2026, la seguridad del cielo depende de algoritmos automáticos que esquivan escombros en milisegundos, un equilibrio precario que difícilmente aguantará la llegada de cientos de miles de nuevos inquilinos metálicos.
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