China denuncia ante la ONU que los satélites de Elon Musk son una amenaza global y SpaceX bajará 4.400 satélites

Alberto Noriega     8 enero 2026     4 min.
China denuncia ante la ONU que los satélites de Elon Musk son una amenaza global y SpaceX bajará 4.400 satélites

China advierte a la ONU sobre los riesgos de seguridad de Starlink tras cuasi colisiones. SpaceX responde bajando 4.400 satélites para reducir riesgos de escombros.

El gobierno de China ha elevado una queja formal ante las Naciones Unidas este inicio de 2026, advirtiendo que la expansión descontrolada de la red Starlink representa un «desafío crítico de seguridad» para la navegación espacial. La denuncia de Pekín, presentada tras un incidente de cuasi colisión el pasado 12 de diciembre, señala que la proliferación de satélites comerciales de EE. UU. pone en riesgo especialmente a los países en desarrollo sin capacidad de maniobra orbital. Ante la presión internacional, SpaceX ha anunciado que bajará la altitud de 4.400 satélites para reducir el riesgo de colisiones y acelerar su desintegración en caso de fallo, intentando calmar una disputa que mezcla la seguridad civil con el uso militar del espacio.

El cielo se queda pequeño

La órbita terrestre baja (LEO) se ha convertido en el nuevo tablero de ajedrez geopolítico donde el espacio disponible es cada vez más escaso. SpaceX opera actualmente unos 9.300 satélites, lo que representa aproximadamente dos tercios de todos los satélites activos en el mundo. Esta densidad de tráfico sin precedentes obligó a la compañía a realizar 145.000 maniobras de evasión solo en la primera mitad de 2025 para evitar catástrofes. China fundamenta su preocupación en incidentes recientes de gran gravedad: en diciembre, una nave china recién lanzada tuvo que esquivar a un Starlink para evitar un impacto, y apenas unos días después, la desintegración de otro satélite de Musk generó una nube de más de 100 fragmentos de basura espacial altamente peligrosa.

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Para Pekín, esto no es solo un problema técnico de navegación, sino una amenaza directa a la soberanía y la seguridad de las naciones. El representante chino ante la ONU destacó que las naves de países en desarrollo carecen muchas veces de los sistemas de conciencia situacional espacial necesarios para reaccionar a tiempo ante estos desechos. Además, China ha puesto el foco en el uso militar de estas constelaciones comerciales para tareas de reconocimiento y comunicaciones en el campo de batalla, advirtiendo que esta tendencia agrava peligrosamente el riesgo de una carrera armamentista en el espacio exterior bajo el disfraz de servicios civiles.

La respuesta estratégica de SpaceX

En un movimiento táctico para mitigar las críticas y evitar regulaciones internacionales más severas que puedan frenar su negocio, SpaceX anunció el 1 de enero de 2026 un plan masivo de reubicación orbital. La compañía bajará 4.400 satélites de los 550 kilómetros actuales a una órbita de 480 kilómetros. Esta maniobra busca reducir drásticamente la probabilidad de colisiones, ya que por debajo de los 500 kilómetros la densidad de objetos es significativamente menor. Además, a esta altitud la resistencia atmosférica es mucho más fuerte, lo que permite que un satélite defectuoso reduzca su tiempo de desorbitación en más del 80%, asegurando que se queme al entrar en la atmósfera antes de convertirse en basura persistente.

Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, defendió la seguridad de su red pero también lanzó dardos directos hacia Pekín. Acusó a un satélite chino de acercarse a menos de 200 metros de un Starlink sin ningún tipo de coordinación previa, lo que a su juicio demuestra que la falta de comunicación es mutua. Esta guerra de acusaciones entre SpaceX y CAS Space refleja la ausencia de un código de circulación espacial universalmente aceptado, dejando la seguridad de la órbita en manos de la voluntad de empresas privadas y agencias estatales enfrentadas.

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La paradoja de las megaconstelaciones chinas

A pesar de sus duras críticas a Starlink por la saturación del cielo, China está ejecutando su propio plan de ocupación masiva de la órbita baja. El gigante asiático está desarrollando dos redes gigantescas para romper el dominio de Elon Musk: la red Guowang, respaldada por el estado, con planes de lanzar 13.000 satélites, y el proyecto Qianfan, impulsado por Shanghái, que apunta a los 15.000 satélites para 2030. Esta paradoja sugiere que la protesta en la ONU busca forzar a Estados Unidos a aceptar una regulación que limite su ventaja actual y favorezca la entrada de los nuevos actores chinos en igualdad de condiciones.

Desde Driving Eco, observamos que la sostenibilidad ya no es solo una cuestión de lo que ocurre en la superficie terrestre. El espacio es un recurso natural limitado y su gestión requiere la misma ética regenerativa y responsabilidad sistémica que aplicamos a los suelos o al agua. La proliferación de desechos espaciales puede comprometer la seguridad de misiones científicas vitales para el monitoreo del cambio climático. El hecho de que una sola empresa privada controle la mayoría de la infraestructura orbital plantea preguntas urgentes sobre la gobernanza de los comunes espaciales y la necesidad de una regulación transparente que garantice un cielo limpio para las futuras generaciones.

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