La guerra por la computación cuántica: Estados Unidos y China se disputan el control del átomo informático.

Alberto Noriega     5 enero 2026     6 min.
La guerra por la computación cuántica: Estados Unidos y China se disputan el control del átomo informático.

La carrera cuántica global se acelera en 2025. Analizamos el liderazgo de EE. UU., el avance de China y el papel estratégico de España en Europa.

En el marco del Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas 2025 proclamado por la UNESCO, las principales potencias mundiales han acelerado su carrera por el dominio de la computación a escala atómica desde sus centros de investigación en Washington, Pekín y Bruselas. Esta tecnología disruptiva, que promete revolucionar la ciberseguridad y la simulación de materiales, ha dejado de ser una promesa teórica para convertirse en un pilar de la soberanía digital y la competitividad económica. La importancia de este hito radica en que los nuevos procesadores cuánticos ya son capaces de realizar en segundos cálculos que a las supercomputadoras actuales les llevaría eones resolver. España, mediante la Estrategia Nacional 2025-2030, se ha posicionado como un nodo clave en Europa, albergando infraestructuras de vanguardia que conectan la investigación científica con aplicaciones reales en el sector financiero y energético.

El dominio del capital estadounidense

Estados Unidos mantiene un liderazgo incontestable en el ecosistema cuántico, concentrando el 78% del capital invertido en startups del sector, lo que supone unos 1.559 millones de dólares según datos de McKinsey de junio de 2025. Gigantes como IBM han marcado hitos históricos con el procesador Condor, el primero en superar la barrera de los 1.000 qubits, aunque la estrategia ha virado recientemente hacia la modularidad y la calidad con el Quantum System Two. Este sistema, basado en el procesador Heron, prioriza la mitigación de errores frente al volumen bruto de unidades de información, sentando las bases de una computación tolerante a fallos que es esencial para su uso comercial.

Por su parte, Google ha asombrado a la comunidad científica con su chip Willow, capaz de ejecutar en menos de cinco minutos una tarea que requeriría 10.000 trillones de años en las supercomputadoras clásicas más rápidas. En 2025, la compañía reforzó esta ventaja con el algoritmo Quantum Echoes, superando en velocidad por 13.000 veces a los sistemas tradicionales. Esta fortaleza privada se ve respaldada por la National Quantum Initiative, un marco federal que garantiza que la innovación nacida en Silicon Valley se traduzca en una ventaja geopolítica y de seguridad nacional frente a sus competidores asiáticos.

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La ofensiva estatal de China

A diferencia del modelo estadounidense basado en el sector privado, China ha consolidado su avance mediante una inversión estatal masiva canalizada a través de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC). En 2025, los investigadores chinos presentaron un microchip cuántico de 105 qubits que ha establecido nuevos récords de ventaja computacional en sistemas superconductores. Según los informes técnicos, esta tecnología es un millón de veces superior a los estándares presentados por Google en 2024, lo que demuestra una capacidad de aceleración que compensa el cierre de laboratorios privados como el de Alibaba.

Este avance chino no solo busca la potencia bruta, sino que se enfoca en verticales estratégicas como la criptografía cuántica y las comunicaciones seguras a larga distancia. Mientras Occidente debate la ética y la regulación, China está construyendo infraestructuras que podrían hacer obsoletos los sistemas de cifrado actuales. La carrera es tan estrecha que actores secundarios como Canadá irrumpen con Aurora, el primer ordenador modular capaz de operar a temperatura ambiente, desafiando la necesidad de los complejos sistemas de enfriamiento criogénico que hasta ahora limitaban la escalabilidad masiva de esta tecnología.

Europa y el reto de la soberanía

La Unión Europea ha movilizado 103 millones de dólares para posicionarse como la cuarta región con mayor inversión, apoyándose en la plataforma EuroHPC para desplegar una red de seis ordenadores cuánticos estratégicos. No obstante, expertos como la física Sonia Contera advierten que, a pesar de producir ciencia de excelencia, Europa aún lucha por convertir ese conocimiento en una industria independiente. Para mitigar esta brecha, países como Francia han impulsado firmas como PASQAL, que este año ha hecho historia al entregar a Arabia Saudita su primer ordenador de átomos neutros, expandiendo la influencia tecnológica europea hacia Oriente Medio.

Dentro de este ecosistema, España ha dado un salto cualitativo al convertirse en el segundo país europeo en albergar un sistema de IBM fuera de EE. UU. San Sebastián acogió en octubre de 2025 el IBM Quantum System Two de 156 qubits, una pieza central de la alianza Basque Quantum que representa una inversión de 120 millones de euros. Este centro no solo se dedica al cálculo puro, sino que es un referente en la corrección de errores de hardware, una disciplina crítica para que las máquinas cuánticas dejen de ser prototipos experimentales y pasen a ser herramientas de producción industrial en sectores como el diseño de nuevos fármacos.

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El hub cuántico español

La geografía de la supercomputación en España se vertebra hoy en tres polos fundamentales: Cataluña, Galicia y el País Vasco. En febrero de 2025, el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) presentó el primer ordenador cuántico con tecnología 100% europea, fruto del proyecto Quantum Spain y la colaboración con la startup Qilimanjaro. Este sistema es pionero por su arquitectura híbrida, combinando computación digital y analógica para maximizar las sinergias tecnológicas. Este avance sitúa a España como un nodo soberano dentro de la red de la Comisión Europea, reduciendo la dependencia de componentes fabricados fuera de la Unión.

En Galicia, el Centro de Supercomputación (CESGA) ha consolidado su posición con Qmio, un computador financiado con fondos europeos que ya está operativo para la comunidad científica e industrial. Además, la colaboración público-privada se ha materializado en proyectos como CUCO, donde entidades como BBVA exploran el uso de la cuántica para la valoración de derivados complejos y la gestión de carteras bajo incertidumbre. Estos casos de uso demuestran que la cuántica ya está generando valor económico real, proyectando un impacto global que McKinsey estima entre 0,9 y 2 billones de dólares para el año 2035.

La frontera del átomo útil

La computación cuántica ha dejado de ser un campo de la física teórica para transformarse en el nuevo tablero de ajedrez de la política internacional. La transición de «bits» a «qubits» no es una evolución incremental, sino un cambio de paradigma que redefine lo que es posible procesar en el tiempo de una vida humana. Estamos ante una tecnología que, una vez alcance la madurez de la corrección de errores, podrá descifrar códigos secretos en segundos y diseñar materiales que hoy solo existen en la ciencia ficción, otorgando un poder computacional sin precedentes a quienes lideren su estandarización.

Mirando hacia el futuro, el éxito de España y Europa dependerá de su capacidad para retener el talento científico y fomentar un tejido empresarial que absorba estas innovaciones. No basta con albergar las máquinas; es imperativo desarrollar la algoritmia y el software que las haga operativas para la industria local. La década 2025-2035 será recordada como el periodo en el que la humanidad aprendió a programar la naturaleza a nivel subatómico, y el posicionamiento actual de nuestras instituciones sugiere que España no solo será un espectador, sino un arquitecto fundamental de esta nueva era de inteligencia cuántica.

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