El Salvador hace historia con Grok: El primer programa nacional de tutoría por IA llega a 5.000 escuelas

Alberto Noriega     12 enero 2026     5 min.
El Salvador hace historia con Grok: El primer programa nacional de tutoría por IA llega a 5.000 escuelas

Gigantes tecnológicos despliegan chatbots de IA en millones de aulas a nivel global. Analizamos los programas de Grok, Gemini y ChatGPT, y los riesgos para el aprendizaje.

En un movimiento sin precedentes hacia la digitalización total, gigantes tecnológicos como Microsoft, Google, xAI y OpenAI han desplegado chatbots de IA en millones de aulas de todo el mundo durante el cierre de 2025 y este inicio de 2026. Desde el programa nacional de El Salvador con el chatbot Grok hasta la implementación masiva de Gemini en Miami-Dade, la IA se ha convertido en el nuevo estándar pedagógico. Sin embargo, investigadores de la Universidad Carnegie Mellon y expertos de UNICEF advierten que esta adopción fulgurante podría estar erosionando las habilidades de pensamiento crítico y la diversidad de ideas entre los estudiantes. Mientras países como Estonia e Islandia lideran modelos de «alfabetización en IA» con versiones protegidas, crece la preocupación por una posible dependencia ciega de la tecnología que desplace los métodos de enseñanza probados.

El despliegue global: Del tutor de xAI al aula de Google

El mapa educativo mundial se ha rediseñado en apenas unos meses mediante alianzas estratégicas entre gobiernos y corporaciones de Silicon Valley. El caso más ambicioso es el de El Salvador, que ha integrado a Grok (xAI) en más de 5.000 escuelas públicas para atender a un millón de alumnos, presentándolo como el primer tutor de IA a escala nacional. Simultáneamente, OpenAI ha logrado que 165.000 educadores en Kazajistán utilicen ChatGPT Edu, mientras que en Estados Unidos, distritos masivos como Miami-Dade y Broward han adoptado Gemini y Microsoft Copilot respectivamente, convirtiéndose en laboratorios vivos de la educación asistida por algoritmos.

Esta expansión no es solo una cuestión de acceso, sino de una nueva arquitectura del conocimiento. En los Emiratos Árabes Unidos, Microsoft ha capacitado a 250.000 estudiantes bajo la premisa de que la alfabetización en IA es la competencia clave del siglo XXI. Sin embargo, este despliegue masivo ocurre antes de que existan marcos regulatorios globales que aseguren que estas herramientas actúan como guías pedagógicas y no simplemente como generadores de respuestas rápidas que anulan el esfuerzo intelectual del estudiante.

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Gobernanza educativa: El modelo de «Salto de IA»

Frente a la adopción comercial directa, naciones como Estonia e Islandia están optando por programas piloto controlados que buscan mitigar los riesgos cognitivos. El programa estonio «AI Leap 2025» utiliza versiones modificadas de ChatGPT y Gemini diseñadas para no dar soluciones directas, sino para guiar al alumno paso a paso en la resolución de problemas. El objetivo es que la tecnología actúe como un andamio que se retira gradualmente, y no como una sustitución del proceso de pensamiento. Ivo Visak, líder de la fundación tras este proyecto, subraya que la diferencia entre una herramienta beneficiosa y una dañina reside exclusivamente en la metodología de su integración.

Islandia, por su parte, ha optado por una alianza con Anthropic para proporcionar el modelo Claude a cientos de maestros, enfocándose en la planificación de lecciones y el apoyo instruccional. El enfoque islandés reconoce que la IA «ha llegado para quedarse», pero impone una vigilancia estricta para evitar lo que los docentes ya reportan: estudiantes que confían ciegamente en los resultados de la IA y pierden la motivación para enfrentarse a desafíos académicos que requieren perseverancia y análisis profundo.

Los riesgos del pensamiento uniforme y la «confianza ciega»

La ciencia empieza a confirmar los temores de los educadores más escépticos. Un estudio reciente de la Universidad Carnegie Mellon ha revelado una correlación directa entre la dependencia de la IA y la disminución de la capacidad crítica. Los trabajadores y estudiantes que depositan una fe excesiva en los resultados de los chatbots tienden a examinar menos la veracidad de la información y producen resultados mucho menos diversos. En lugar de fomentar la creatividad, el uso masivo de IA parece estar homogeneizando las respuestas ante las mismas tareas, limitando la pluralidad de perspectivas que es esencial en cualquier sistema democrático y educativo.

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UNICEF ha lanzado una advertencia contundente comparando este auge con iniciativas tecnológicas fallidas del pasado, como «Una Laptop por Niño». El peligro, según el experto Steven Vosloo, es que la inversión en herramientas de IA ineficaces desvíe fondos vitales de enfoques educativos humanos comprobados, exponiendo además a los menores a riesgos de desinformación o contenido inapropiado. La «IA en la sombra» o el uso sin orientación de estos sistemas no solo reduce las habilidades de los estudiantes, sino que también puede desprofesionalizar la labor del docente, convirtiéndolo en un mero supervisor de software.

Sostenibilidad cognitiva: El reto de Driving Eco

La sostenibilidad no se limita al medio ambiente, sino que abarca la preservación del capital intelectual humano. Una sociedad que delega su capacidad de razonamiento en algoritmos de caja negra es una sociedad vulnerable y menos resiliente ante los desafíos sistémicos del futuro. La verdadera innovación en 2026 no consistirá en quién despliega más chatbots, sino en quién logra integrar la IA sin atrofiar la curiosidad natural y la autonomía del estudiante.

El futuro de la educación sostenible debe pasar por un equilibrio donde la tecnología sirva para liberar al docente de tareas administrativas y potenciar la personalización del aprendizaje, pero manteniendo siempre el pensamiento crítico como el núcleo irrenunciable del currículo. La IA debe ser un espejo en el que el alumno aprenda a mirarse críticamente, no una voz externa que dicte su realidad. En este 2026, el mayor desafío de las escuelas será enseñar a los niños a cuestionar a la misma máquina que les ayuda a estudiar.

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