Los coches eléctricos carecen de una gran cantidad de componentes mecánicos respecto a un vehículo convencional, lo que evita una serie de averías que pueden suponer un percance para tu bolsillo.

Aunque pueda parecer al revés, la base mecánica de un coche eléctrico es mucho más sencilla que la de un coche de combustión. De media, los vehículos gasolina o diésel cuentan con entre 800 y 1.000 piezas más que un coche eléctrico. Esto permite a los vehículos EV evitar una serie de averías que suelen estar ligadas a los vehículos de combustión. Repasamos las 5 más importantes:

Rotura del embrague

Los coches de combustión necesitan un embrague para transmitir la energía del motor a diferentes regímenes o velocidades. Si sufriéramos una avería y tuviésemos que sustituir el kit de embrague del coche, tendríamos que hacer frente a una reparación relativamente costosa: entre 500 y 1.500 euros, según el coche y alcance de la avería.

Sin embargo, los coches eléctricos carecen de caja de cambios (y por consiguiente de embrague), por lo que se ahorrarían dicha reparación. Por su naturaleza, los motores eléctricos tienen una alta capacidad de giro, suben fácilmente hasta las 12.000 rpm (algo más propio de una motocicleta de gran cilindrada que de un coche de combustión, que no suelen superar las 7.000 rpm). Esto permite a los EV acelerar de forma continua y sin interrupciones.

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Repostar el carburante equivocado en el depósito

Aunque suene a película de comedia, la cantidad de averías relacionadas con esta situación es más común de lo que os imagináis: en España se registran al año unos 50.000 incidentes de este tipo.

Como os podéis imaginar, la reparación no es gratuita. Si por algún motivo que se escapa a nuestro entendimiento, decidieses echar diésel a tu coche gasolina o viceversa, tendrás que hacer frente a alguno de los siguientes costes (sino todos ellos):

  • Vaciado del depósito: unos 100 euros
  • Multa por que se pare el coche en medio de la carretera: entre 150 y 400 euros
  • Gripado de inyectores: 250 euros en un coche gasolina y 500 euros en un coche diésel.
  • Gripado de bomba: 100 euros

Lógicamente, los coches eléctricos no necesitan repostar combustible sino electricidad, por lo que sus propietarios se ahorran este drama.

Rotura de la correa de distribución

Una de las averías más clásicas en los vehículos de combustión es la rotura de la correa de distribución. Es cierto que no todos los coches incorporan este componente, ya que hay coches que incorporan cadena en su lugar (normalmente sin mantenimiento).

Cambiar la correa de distribución de un coche de combustión conlleva un coste de entre 1.000 y 2.000 euros, un gasto al que nunca tendrá que hacer frente un coche eléctrico al no contar con sistema de distribución. Por no hablar de las consecuencias que puede tener no cambiarla a tiempo y sufrir una rotura, lo que daría al traste con el motor.

No pasar la ITV por los gases de escape

Los gases contaminantes emitidos por el tubo de escape de un coche de combustión son la principal causa de que estos vehículos cada vez tengan más complicada la entrada a las ciudades. Pero los gases de escape tienen otro inconveniente que causa un gran quebradero de cabeza a sus propietarios si sus niveles están por encima de lo reglamentario: incapacidad de pasar la ITV.

Aunque parezca mentira, un nivel alto de gases de escape es uno de los fallos más comunes a la hora de pasar la ITV. Los coches eléctricos no tienen que preocuparse por esto, al no emitir ni un solo gas de escape durante su funcionamiento.

Avería de los famosos filtros de partículas

Los filtros de partículas son necesarios para que precisamente los gases contaminantes emitidos por el escape de nuestro coche sean reducidos al mínimo posible. Lo que ocurre es que para el buen funcionamiento de este componente es necesario que el motor alcance una temperatura determinada, algo que en las primeras fases de la conducción resulta complicado (con el motor frío) y que puede provocar acumulación de carbonilla en el filtro que luego resulta más complicado de expulsar.

Como consecuencia de lo anterior, el motor puede sufrir diferentes alteraciones en su comportamiento: falta de potencia, tirones al acelerar, consumo superior a lo habitual, producción excesiva de humo de escape). Los coches eléctricos no requieren de este componente, ni de ningún tipo de sistemas de tratamiento de los gases de escape (EGR, catalizadores, etc), por lo que nunca tendrán este problema.