Conducimos la apuesta de la marca japonesa para el segmento D, la prueba de que el Toyota Camry viene a demostrar que los sedanes híbridos tienen mucho que decir

Quizás, ni por Europa ni por España resulte muy conocido el Toyota Camry. Un coche que, en sus ocho generaciones, ha logrado superar las 19 millones de unidades construidas, ser número uno de los automóviles más vendidos en países como Estados Unidos, China o Australia pero que, por fin, aparece en los concesionarios europeos y españoles.

Con el objetivo de ser la alternativa a los sedanes híbridos del momento como son las versiones electrificadas del Ford Mondeo, Kia Optima y, sobre todo, Volkswagen Passat GTE, el Toyota Camry busca posicionarse como una berlina atractiva, cómoda, dinámica y segura con una relación calidad precio difícilmente batible.

Pero empecemos por las novedades de este coche.

AdvertisementAdvertisement

La mecánica híbrida del Toyota Camry

Este coche nace a partir de la plataforma de construncción TNGA-K, la misma donde el Lexus ES es también concebido. A partir de aquí, no solo sus cotas son similares, su mecánica, parcialmente compartida y su estética, inspirada por el diseño japonés.

Por eso era de esperar que la unidad térmica motriz elegida fuera el bloque de cuatro cilindros, 2.487 cc, inyección de gasolina variable directa e indirecta que produce 177 CV y 221 Nm.

A su vez, en cuanto al sistema eléctrico de este coche nuevo incorpora la batería de hidruro de níquel de mayor rendimiento pero menor peso. También es nuevo el transeje, más pequeño y ligero, donde se ha logrado aumentar la velocidad de rotación del motor eléctrico y, a la vez, reducir su tamaño. Así, el conjunto eléctrico es capaz de generar 88 kW (120 CV)

A su vez, la centralita o ECO, presenta un mapa mejorado que permite reducir las pérdidas energéticas en hasta un 20 por ciento, aproximadamente.

Por otra parte, la presencia del Auto Glide Control, una función que interviene en la deceleración en Modo ECO, que permite la reducción del consumo y el aumento de la regeneración eléctrica.

Pero donde la diferencia es palpable y sensorial, es en cuanto a la transmisión de este coche. El fabricante asegura que ha trabajado para mejorar la eficiencia y el rendimiento dinámico y así es. Un cambio de tipo CVT mucho más agradable al uso que lo que viene siendo habitual en esta clase de transmisión, sin desfases entre el régimen de trabajo del motor.

De hecho, gracias al incorporación del cambio secuencial Shiftmatic, se permite la gestión mediante la palanca de cambios de hasta seis velocidades o etapas.

Gracias al trabajo global, desde Toyota sacan pecho respecto de alguno de los datos numéricos de este coche. Por ejemplo, que en rutas como las que llevamos a cabo en la prueba del Toyota Camry de aproximadamente 200 km, más de 40 podrían ser en modo «Cero emisiones», esto supone cerca de un 20 por ciento.

Según sus mediciones, el consumo de carburante homologado está entre 5,3 y 5,6 l/100 km. Según el marcador de la unidad utilizada durante la prueba del Toyota Camry, bajamos hasta los 5,9 en una ruta que, ante todo, discurrió por carreteras secundarias atravesando núcleos urbanos.

También respecto de las emisiones de NOx, según el fabricante, la media para los vehículos del segmento D-E se sitúa entre 37,5 y 40 mg/km, mientras que los híbridos arrojan una media de 6,6 y, según sus mediciones, el Toyota Camry emite tan solo 2,2.

La imagen del Toyota Camry, afilada cual sable de samurai

El frotal del Toyota Camry ha sido afilado al máximo, un sinfín de líneas rellenan el espacio bajo el logotipo de la parrilla frontal que viene a lucir un dibujo parecido a un ave planeando.

Sus faros, angulosos y estrechos, no hacen sino aumentar esta impresión de frontal incisivo que se acrecienta por un capó nervado, inclinado y bajo y unas líneas que llevan hacia la vista frontal donde los paneles laterales prolongan las nervaduras frontales.

Apoyados en unos pilares A y, sobre todo el C, de caída muy al estilo coupé, la silueta muestra una berlina larga (de casi 5 metros) y de un corte dinámico gracias al modelaje de su carrocería que tiene en la zaga su punto y final con un conjunto menos anguloso que el frontal pero que, con una pareja de grandes ópticas que se ciñen según se aproximan al centro del portón del maletero, justo donde se sitúa, de nuevo, el emblema de la marca y el nombre del modelo, parecen señalar a estas letras para obligarnos a leer que se trata de un Toyota Camry.

Igualmente, gracias a un pequeño spoiler que viene cincelado sutilmente en la puerta que da acceso al compartimento de carga, aporta un plus de dinamismo a la fotografía posterior.

Al volante del Toyota Camry

Revisados los aspectos técnicos más novedosos o destacados, llega el momento de iniciar la marcha.

Para comentar la prueba del Toyota Camry, ajustamos la posición de conducción, asiento, volante y otros elementos como espejos y comenzamos a movernos en modo EV.

Al salir del aparcamiento donde daba inicio la misma, el tráfico de una gran ciudad como Madrid nos obliga a entrar y salir en una dinámica de avances y detenciones casi continuas donde se agradece circular con un coche que no produce casi ruido y que cuenta con una transmisión automática.

Al salir de ciudad tomamos la A3 camino a la zona sur-este de la provincia y empezamos a notar como este vehículo cuenta con un cambio CVT mucho más agradable, en todos los sentidos que lo que anteriormente habíamos vivido en vehículos que equipan este tipo de transmisión ya que, incluso, es menos sonoro.

Además, el Auto Glide Control produce que, al mínimo resquicio de liberar la presión del acelerador, el coche entra en modo regenerativo y es muy fácil, de un lado, decelerar, cuando el ritmo del la circulación lo exija o perder velocidad, si por descuido, se levanta el pie pasando de 120 a 80 en muy poco tiempo y espacio. Es cierto que este sistema permite regenerar energía casi de manera inmediata y a demanda, pero puede llegar a ser un tanto intrusivo.

Si algo nos sorprendió y nos satisfizo fue el comportamiento dinámico del coche.

Con tres modos de conducción, activados mediante una botonera cuyo pulsación requiere una postura no muy agradecida de la mano y la muñeca derecha de quien conduce, dado el tipo de coche que se entiende que es al hacer la prueba del Toyota Camry, decidimos utilizar el modo Eco de manera estándar y activar el normal y Sport en momentos puntuales.

Cabe señalar que, gracias al motor atmosférico que ve apoyado su trabajo por el motor eléctrico, los 218 CV totales están bien aprovechados y no se echa en falta un turbo ya que es el propulsor eléctrico el que hace las veces de empuje adicional cuando se requiere un incremento de potencia o velocidad.

Así, es factible realizar un conducción sin complicaciones en modo Eco sin que comprometa la respuesta del coche.

Es cierto que, por ejemplo, en incorporaciones a vías, es recomendable activar el modo normal donde el Toyota Camry pasa de su configuración más conservadora a una más tradicional pero, si desde luego que lo que se busca es una buena respuesta, sin ser contundente ni extraordinaria pero sí óptima, es activando el modo Sport en, por ejemplo, adelantamientos en carreteras de un carril por sentido.

En situaciones dinámicas, el aplomo del Toyota Camry es sobresaliente. Gracias a un centro de gravedad bajo, da la sensación de ir muy próximo al suelo, algo que realmente es así y que permite un movimiento, sino deportivo, ágil e, incluso, nos atrevemos a decir, divertido.

Igualmente, un tarado de la suspensión que parece corto, relativamente duro para una berlina de este estilo y sin rebotes, permite moverse de manera realmente dinámica.

La dirección es precisa. Sin más. Y, en la comunicación entre lo que los neumáticos y la suspensión transmiten a quien lo conduce, nos sorprendió una satisfactoria capacidad para informar de lo que sucedía bajo el chasis del coche.

La habitabilidad del Toyota Camry

De inicio, en España, se venderán tres acabados del Toyota Camry, dos para el público general y uno destinado a flotas aunque también ofrecido al cliente particular.

Los niveles disponibles en los concesionarios son los denominados Advance, Bussiness y Luxury con una lista de precios como sigue:

Precio Toyota Camry 220H Acabado Business Acabado Advance Acabado Luxury
PVP 36.500 € 37.900 € 43.400 €
Descuento 4.200 € 5.400 € 5.400 €
Precio final 32.300 € 32.500 € 38.000 €

 

También aparece como opción la financiación mediante Toyota complet que dejaría el precio para el acabado Advance en 285€/mes, con 4 años garantía y mantenimiento y un año de seguro o, la alternativa como renting, por 450€/mes durante 48 meses.

Nosotros realizamos la prueba del Toyota Camry Advance, el nivel de acceso y que, como tal muestra un interior que, si bien incorpora piezas que aportan un toque de elegancia y calidad, como son las incrustaciones en el salpicadero lacadas, el nuevo cuadro de instrumentación con pantalla de 7 pulgadas entre los indicadores de la velocidad y energéticos, la de 8 del sistema de info-entretenimiento, la regulación electrónica del asiento del conductor, un climatizador con tecnología nanoe que incorpora filtro antibacterias… se percibe una sensación de confort correcto. Sin lujos pero sin carencias.

Es cierto que, comparado con dos unidades expuestas durante el evento que equipaban el acabado Luxury y cuyas fotografías acompañan a este apartado sobre el habitáculo, por ejemplo, de entrada, el tapizado de los asientos, en materiales nobles en vez de la tela sobria que presentaban los coches de prueba, dejan a las claras que el acabado de mayor estatus se dirige a un público que exige niveles premium mientras que el de menor precio se dirige a un tipo de cliente que busca una berlina cómoda, que permita largos desplazamientos con la simplicidad de un coche de diario y con una habitabilidad correcta pero que no por ello rechace los estándares de seguridad.

De hecho, Toyota ha reforzado su apuesta por la seguridad de los ocupantes y de los que rodean al coche haciendo de el cuidado por las personas una de sus preocupaciones en este coche.

La posición de conducción resulta confortable, tanto en desplazamientos urbanos como en largo recorrido, solo la ubicación del puente de la transmisión entre las plazas delanteras y la tapa acolchada de la guantera puede resultar un tanto incómoda en según que maniobras.

Respecto de los acompañantes, la otra butaca en la primera fila resulta igualmente cómoda pero su regulación es totalmente manual.

Sentados en la butaca posterior, dos adultos de embergadura media y altura sobre el 1,80 metros, disponen de espacio más que suficiente para viajar de manera confortable.

La boca de carga del maletero queda a una altura que resulta correcta para incorporar o extraer bultos y la anchura de la misma facilita la colocación de los mismos antes o después de haberlos depositados. Un maletero que tiene una configuración bien resuelta.

Conclusión tras la prueba del Toyota Camry

De entrada, por dimensiones y estética, el Toyota Camry viene a rivalizar contra coches como el Peugeot 508 Hybrid o el Renault Talisman, el primero por presentar una imagen atractiva y rompedora y, el segundo, porque por el comportamiento de la prueba del Toyota Camry nos recordó al del vehículo de la marca del rombo y cuya prueba, como Renault Talisman Initiale de 225 CV  tienes disponible en nuestra página hermana Top10Motor.

Sea como fuere, debemos reconocer que, conociendo el precio de la versión conducida y comparando el mercado, el precio de entrada del Toyota Camry resulta muy atractivo dado el segmento D, C o, incluso, ciertos SUV contra los que también pudiera llegar a competir.

Es cierto que, para quienes busquen un coche que pueda rivalizar contra berlinas de gama superior deberían recurrir a su pariente el Lexus ES o bien buscar en la competencia de Toyota la gama de sedán premium de BMW, Audi o Mercedes pero, en todo caso, es posible que el precio de las alternativas sea superior.

Una vez se conoce, sobre todo, se conduce, la prueba dinámica del Camry nos ha demostrado ser un coche óptimo para largos desplazamientos, tanto por confort, seguridad y consumo y capaz de soportar los quehaceres diarios de una urbe estresada por el tráfico desde una relación calidad(general)-precio muy coherente.