Aún sin estar a la venta, los departamentos de ingeniería ya piensan en cómo mejorar el nuevo Volkswagen ID.3

La industria de la automoción ha puesto de manifiesto que, en el ciclo de comercialización de un vehículo, existen fases tres fases fundamentales: desarrollo, preproducción y fabricación/comercialización.

Tras la puesta a la venta hemos visto como, en la práctica totalidad de los automóviles vendidos en los últimos lustros, se procedía a una actualización a mitad de ciclo, entre los 2 y los 3 años después de iniciarse su lanzamiento.

Las mejoras propuestas en las segundas fases, restyling o actualizaciones venían a partir del uso y conocimiento de estos coches ya puestos a la venta.

Pero la implementación de la tecnología y la inclusión de diversos software que controlan cada vez más, si cabe, la actividad de un coche, permite, cual teléfono móvil u ordenador, realizar actualizaciones periódicas sin necesidad de volver a fábrica para ofrecer un mejor producto.

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Algo así es lo que está sucediendo, sobre todo, con los coches eléctricos.

Al depender de un esquema principal con dos motores eléctricos y un sistema de almacenamiento y regeneración eléctrica gestionado por la informática, su configuración y rendimiento es gestionada de manera, casi por completo, de manera virtual, lo cual permite una actualización remota y sistemática periódica.

Lo sabemos por Tesla, quien ya ha actualizado su programación hasta el nivel 10 pero, en este caso, el modelo en cuestión aún no ha comenzado a ser entregado, aunque sí se encuentra en fase de apertura de reservas. Nos referimos al ID. 3, el primer coche 100 por 100 eléctrico de Volkswagen.

De entrada, según lo que publican los compañeros del medio británico AutoCar, el jefe de I+D de Volkswagen, Frank Welsch, apunta a que el margen de mejora es una realidad desde el momento que tecnología sobre las baterías mejoren su rendimiento, algo que permitirá aumentar la distancia sin aumentar el peso de los acumuladores.

El futuro remoto de la mecánica

Pero, lejos de ser una modificación estructural, los ingenieros buscan lo que, con un simple clic, pudiera ser susceptible de mejorar. Por ejemplo, en la inteligencia artificial que incluye este vehículo a través del software de reconocimiento de voz y la pantalla de visualización de la realidad aumentada.

Desde la actualización remota y en tiempo real de los mapas y del tráfico expuestos por el sistema de navegación, hasta el estado de la calzada según la situación meteorológica podría ofrecer una mejor experiencia de conducción y de uso del coche.

Otra de las opciones que barajan es el afinamiento del comportamiento dinámico. Al contar con unas dimensiones compactas y un bajo centro de gravedad por la ubicación en el piso de las baterías, la fórmula para obtener un coche ágil y divertido solo necesita unos ajustes óptimos para convertir al Volkswagen ID.3 en la versión de nuevo cuño del Volkswagen Golf GTI eléctrico.

La mejora electrónica del rendimiento de los propulsores eléctricos podría realizarse mediante un ajuste del sistema apoyado en la presente tracción integral, algo que su pariente de motor de combustión no ofrece, salvo en su variante como Volkswagen Golf R.

Y, respecto de la versión como Volkswagen ID.3 R, el mismo Welsch confirma: habrá una versión más deportiva y emocionante de este compacto eléctrico en un plazo máximo de 5 años.